jueves, mayo 19, 2022
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Tenis, mentiras y supersticiones

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Por: Andrés Luna Montalvo.

“Djokovic es el mejor ejemplo de que es posible ser una persona enormemente exitosa y talentosa en su campo y, a la vez, un completo estúpido”, la cita es de Marcelo Falak, periodista argentino, y representa el sentimiento que explotó en redes sociales con el #DjokovicGoHome. Pero comprender la catástrofe que por ahora “Nole” le ha provocado a su carrera, no se sintetiza en si debe vacunarse o no, sino a un entorno al que él, como tenista profesional, pertenece.

Con un criterio más geopolítico que científico se puede leer el caso deTenis, mentiras y supersticiones, quien lamentó no participar del Abierto de Australia por llevar en el cuerpo el esquema completo de Sputnik V, vacuna que ha inoculado a la mayoría de rusos y a buena parte del planeta, pero que “aún no está verificada en Australia”. También trascendió la historia del joven Aman Dahiya, tenista de apenas 17 años, quien aún no es sujeto de vacunación en la India, pronto el país más poblado del planeta, donde el requisito, por disponibilidad de dosis, es ser mayor a 18 años.

La voluntad de no vacunarse, legítima desde la libertad individual, viene acompañada de una serie de responsabilidades que se incrementan mientras más se desafía a la normatividad. Djokovic parecía hacerse con la razón cuando esgrimió que fue la Federación Australiana de Tenis quien le conminó a viajar para jugar sin haberse vacunado, requisito indispensable para cualquier ciudadano que arribe a Australia, pero es en ese momento en que la ráfaga de mentiras que acompañan a las versiones del serbio se disparó.

El deportista alegó contraer coronavirus con prueba validada el pasado 16 de diciembre de 2021, sin embargo, cumplió con varios compromisos públicos los días posteriores, incluida una entrevista con L’Equipe el día 18 o la presentación de su sello postal el 17. Aunque Djokovic pidió disculpas al reconocer lo ocurrido, las incoherencias en sus actuaciones incluso hicieron sospechar sobre la legitimidad de aquella prueba con la que consiguió la exención médica que le dio la organización del Abierto de Australia, tal como lo reveló el periodista Ben Rothenberg del New York Times cuando escaneó el código QR del resultado de la prueba y encontró que era “negativo”, y tras publicarlo, al volver a ingresar al sistema, el mismo documento apareció con resultado “positivo”, “¿quién está jugando con esta página web?”, se preguntó.

El mejor tenista de todos los tiempos, junto con Roger Federer y Rafael Nadal, reconoce que también mintió sobre su cuestión migratoria el 05 de enero que aterrizó en Melbourne. Declaró no haber viajado en los últimos 14 días mientras las redes sociales lo revelan en Marbella y Belgrado en el mismo periodo de tiempo. La “información falsa o engañosa” que puede quitarle la visa por tres años para ingresar a Australia, la justificó como “un error humano claramente no deliberado”. Llegamos al punto que de Djokovic se duda todo, también cuando defiende que al agua se la potabiliza transmitiéndole buena energía, como trascendió junto a otras creencias de un defensor de la medicina homeopática y un contradictor del método científico.

Novak Djokovic no es Jesucristo, como quisieron compararlo sus familiares, aquellos que dieron por terminada su rueda de prensa apenas alguien planteó la pregunta de por qué el serbio no guardó aislamiento aun cuando conocía de que estaba contagiado con una enfermedad que le ha causado millones de muertes al planeta, acompañado de un colapso sanitario y económico. Lejos de ser el símbolo global de los antivacunas, el caso de “Nole” no es el de “un revolucionario que quiere cambiar el mundo”, como lo presentó su madre Dijana, sino la historia de un divo cautivo de sus privilegios y cábalas, un atleta superdotado que ni de lejos alcanzó a comprender las tragedias de Madrid, Bérgamo, Manaos o Guayaquil.

 

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