jueves, septiembre 16, 2021
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«Nos están matando»: No hay Orgullo sin Justicia

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Javier tenía 22 años cuando recibió más de 80 puñaladas. No fue por delincuencia común. El agresor tuvo tiempo de acestar 89 veces su puñal contra él, un hombre gay de Arenillas, El Oro, en mayo de 2020. El martes pasado (22 de junio de 2021) murió la joven conocida como «La Guaraca», tras recibir ocho disparos. Con ella, son seis mujeres trans asesinadas en lo que va del año. La violencia contra las personas LGBTIQ+ continúa ocurriendo en Ecuador.

Hasta finales de 1997, la fuerza pública se amparaba en el inciso primero del artículo 516 del extinto Código Penal para reprimir y violentar a las diversidades sexuales no normativas (lesbianas, gais, travestis y transexuales). Quienes violentaban estos cuerpos tenían el respaldo legal para hacerlo.

En conmemoración de la redada policial de Stonewall, en 1969, en New York, que terminó con detenciones arbitrarias, cada 28 de junio es el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+.

En Ecuador, también una redada en un bar en Cuenca, que celebraba la elección en un reinado travesti, fue el detonante, junto a la represion policial contra mujeres trans, para encabezar la lucha por la despenalización de la homosexualidad, lograda en noviembre de 1997.

A 52 años del evento de Estado Unidos y a 24 años del logro en Ecuador, la violencia por prejuicio y la no reparación del Estado con sus víctimas envía un mensaje de horror a las nuevas generaciones.

Vuelo blanco de gaviota

Sobre un mar de azules sombras

Te pareces a mis sueños

Nunca tienen final

-La situación antes de la pandemia era muy precaria. La emergencia sanitaria agudizó nuestra situación- reconoció Purita Pelayo, sobreviviente del art. 516 y protagonista para la abolición de esta normativa, junto al Colectivo Coccinelle.

Algunas de ellas, integrantes del ahora Nueva Coccinelle, fallecieron en el marco de la pandemia derivada por el COVID-19. Murieron en la impunidad, en un profundo olvido estatal.

-Las que hemos quedado seguimos con la lucha para lograr los objetivos planteados hace tres años (2018), cuando fuimos a la Fiscalía y presentamos una demanda en contra del Estado ecuatoriano por el delito de lesa humaniada por lo ocurrido en las décadas de 1980 y 1990 y lograr una reparación a las sobrevivientes- explicó Pelayo.

En la primera y única investigación del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), de 2013, sobre las condiciones de vida de personas LGBTI, el 70,9% reportó que vivieron alguna experiencia de discriminación en su entorno familiar, de los cuales el 72,1% sufrió algún tipo de experiencia de control, el 74,1% experimentó algún tipo de imposición, el 65,9% sufrió rechazo y el 61,4% violencia.

Según datos de la Fiscalía, en 2020 se registraron 412 actos de odio y discriminación frente a los 517 que tuvo el 2019 y los 176 que tiene, hasta el momento, el 2021; de los cuales, 167 están en investigación previa, uno fue archivado y ocho solicitaron su archivo.

El artículo 177 del reformado Código Orgánico Integral Penal (COIP), desde 2009, señala: «La persona que cometa actos de violencia física o psicológica de odio, contra una o más personas en razón de su nacionalidad, etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género u orientación sexual, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, condición socioeconómica, condición migratoria, discapacidad, estado de salud o portar VIH, será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años». Y en caso de producir la muerte se sancionará con 22 a 26 años de prisión.

Los datos entregados por la Fiscalía no especifican si fueron casos contra personas LGBTI o fueron por temas étnicos, religiosos u de otro tipo. Tampoco detalla el tipo de agresión (física, psicológica o si produjo la muerte de la persona).

Incluso el registro de la muerte de mujeres trans, travestis, lesbianas o bisexuales no existe. Ethno Data, plataforma de Kaleidos, que hace un mapeo sobre todas las muertes violentas en Ecuador, explica que de los 427 femicidos recogidos por Fiscalía, entre el 27 de febrero de 2014 al 07 de septiembre de 2020, ninguna víctima es una persona LGBTI.

La exclusión de las sexualidades no normativas se evidencia hasta en el registro de sus decesos, invisibilizando la realidad de la violencia contra esta población y vulnerando su derecho a la identidad de género.

-No hay registros de los asesinatos y desapariciones de los años 80 y 90. Era una cuestión sistemática. Las desaparecían. A veces aparecían muertas o detenidas en cualquier lugar- recordó, con amargura, Purita Pelayo.

En la larga noche anclados

Cuando apenas respiramos

Construyendo contra el odio

Nuestra libertad

Nuestra libertad

Nuestra libertad!

Esmeraldeña de nacimiento, Purita narró que siempre demostró un liderazgo natural por su padre y abuelo, que también fueron luchadores.

-Nunca pensé estar en estos espacios, pero aquí estamos y no me arrepiento de nada. Los apoyos al inicio de la lucha no fueron tan claros y decididos como son ahora, cuando tenemos más aliadas y sabemos que no estamos solas- asintió.

El Gobierno de Leon Febres Cordero (Presidente de 1984 a 1988) fue una de las peores épocas, rememoró Pelayo. -En esos años no habían muchas organizaciones de derechos humanos. Corría 1990 y los gobiernos que continuaron a Cordero también eran indolentes y los últimos grupos atendidos éramos nosotras, que estábamos en las calles-.

La «lagartera» se convirtió en una estancia de tortura, humillación y violencia policial con una periodicidad casi semanal.

-Dentro de las cárceles de Quito y Guayaquil, cuando nos confinaban, era junto a otros delincuentes comunes, era un doble suplicio: no había causas mayores para confinarnos y realmente era insoportable. Nos tocaba luchar por la supervivencia, prestarnos hasta para las violaciones. Eso está en la mente de todas nosotras. Aún cuando quedamos pocas, no vamos a poder superar eso que vivimos- describió Pelayo.

Cuando tenían suerte – agregó- las encerraban a todas en una sola celda. -Los fines de semana llegaban 30 a 40 detenidas y ahí nos metían. A veces, hasta en los baños se dormía-.

La unión entre todas. Esa era su contención para soportar la brutal represión por decidir ser libres. -Nos defendíamos, nos protegíamos. Éramos seremos humanos-.

¿Quién sabrá escribir la historia,

Refrescarnos la memoria?

Si no abrimos las ventanas todo seguirá igual

Seguirá igual

Seguirá igual!

No existe registro de todos los asesinatos y desapariciones de esa época. 40 años después tampoco los hay con los casos recientes. El subregistro lo llevan colectivos y asociaciones.

Silueta X, por ejemplo, recoge que en 2019 se incrementó en cerca de 800% los asesinatos, con relación al 2018. Del total, el 75% de víctimas fueron mujeres trans.

La asociación reportó que, en enero de este año, la primer muerta violenta fue la de F. L. Gaibor, más conocida como “la Pajarita”. Encontrada sin vida, eN Ventanas, provincia de Los Ríos. Se presumía posible envenenamiento.

A los pocos días se dio la muerte de un hombre gay en Milagro. El último asesinato se registró en Naranjal, contra «La Guaraca» ¿Y qué sucede con las y los ecustorianos LGBTIQ+ en el exterior?

La información es nula, pero David Revelo recogió, en un hilo de Twitter, lo sucedido con Viterbo Anilo Villamar, un hombre gay ecuatoriano, encontrado desnudo con 15 puñaladas y una flor en su oreja. El hecho ocurrió en marzo del 2000, en un municipio de Cataluña, España.

El alto nivel de ensañamiento (degollación, numerosas puñaladas y señales de tortura) no es suficiente para tratar como delito de odio una muerte violenta de personas LGBTIQ+ y la Fiscalía, agentes y abogados optan seguir el proceso por asesinato u homicidio.

El trabajo de las organizaciones y de la sociedad civil no exime de responsabilidad al Estado ecuatoriano de obtener dicha información, de manera detallada y desagregada para trabajar en la reducción de los niveles de violencia.

A nivel regional, de 2014 a 2019, más de 1.300 personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales perdieron su vida de manera violenta en nueve países de América Latina. El informe «El Prejuicio no conoce fronteras», hecho por la Red Regional de Información sobre violencia LGBTI, conformado por organizaciones de 10 países, alertaron sobre estas cifras y expresaron su preocupación porque se evidencia la existencia de patrones comunes de violencia en todos los países. Pesé a las diferencias políticas, sociales y culturales – dice el informe-el prejuicio hacia las personas LGBTI y las formas de violencia en su contra no conocen fronteras.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su informe de 2015, expresó su preocupación «por el contexto social generalizado en el continente americano caracterizado por prejuicios estereotipados contra las personas LGBT. Este contexto de prejuicio, sumado a la omisión de investigar adecuadamente dichos crímenes, conduce a una legitimación de la violencia contra las personas LGBTI». El organismo concluye que la impunidad es generalizada en América Latina y El Caribe.

¿Por qué las autoridades no investigan estos casos como delitos de odio?

La complejidad radica en demostrar la motivación del infractor y el impacto sobre la víctima. Como en el caso de Javier Viteri.

¿Por qué Hilmar Corozo empeñó más de 80 veces su puñal contra el cuerpo de Viteri y su caso no se procesa como delito contra el derecho a la igualdad?

-Javier les dice que lo dejen solo, que va a recibir una visita. Los tres amigos que estaban en su departamento, en el segundo piso, bajan y lo esperan en los exteriores del edificio-contó el abogado de la víctima, Michael García.

40 minutos después, Corozo salió del departamento con la maleta de uno de los amigos de Viteri que esperaban en la acera. Los tres lo vieron bajar y correr.

Tras una persecución, perdieron su rastro cerca del destacamento del cuartel militar de Arenillas, en El Oro.

-Cuando sus amigos tocaron la puerta no tuvieron respuesta. Lograron abrirla y se encontraron con Javier ensangrentado con más de 80 puñaladas- narró García.

El primo más allegado del joven de 22 años tenía su cuenta de facebook abierta en su celular. Al entrar, vieron chats entre Viteri y Corozo, en los que se comprueba los detalles de su encuentro.

En su perfil, Corozo vestía de militar. Es un conscripto que se escapó de su Destacamento para ir al departamento de Javier.

-En un tipo de allanamiento al cuartel encuentran a Corozo. No solo lo identifican plenamente, Corozo también tenía en su poder el celular de Javier Viteri. Al realizar una pericia, identifican que el celular tenía restos de sangre de Javier. Con esto, se ratifica que él fue el último que estuvo con Viteri- comentó el abogado.

La audiencia de juicio, en la que el juez a cargo dicte su veredicto, se ha aplazado varias veces y, hace poco, fueron notificados para el 7 de julio.

Vuelo alto, vuelo blanco

Los que al ras de tierra andamos

Los que siempre te envidiamos

Al oirte graznar 

¿Por qué no se configura como un delito de odio?

-Como acusadores podremos sugerir el tipo penal, pero Fiscalía es el ente investigativo y ha decidió procesar este caso por asesinato-.

Destacó que, de tener un veredicto favorable, se lograría una sentencia condenatoria que sentará jurisprudencia en este tipo de casos.

El delito de odio es una modalidad de crimen de lesa humanidad porque quien lo comete considera que su víctima carece de valor humano a causa de su etnia, sexo, orientación sexual.

La amnesia estatal sobre los delitos de lesa humanidad en la década de 1980 y 1990 dejó morir a María Jacinta y muchas más sin justicia, verdad ni reparación.

-La primera vez que nos tomamos la Plaza Grande había el riesgo de ser detenidas, pero aceptamos el reto porque si nos detenían, enhorabuena porque antes las detenciones eran arbitrarias y dijimos: ahora sí que nos detengan por algo bueno- relató Purita Pelayo y agregó -Si Coccinelle no hubiera existido, Ecuador carecería de una historia y una memoria. Seguimos archivando para que se conozca que hubo muchas compañeras y un colectivo que se atrevió y tuvo la osadía de salir y mostrarse tal cual era-.

¿Quién será el sagrado fuego

Que dará un impulso nuevo

Que nos lleve hacía aquel alto viento de libertad?

De libertad

De Libertad!

Dice la canción de la artista Ana Belen, que Purita trae a conversación. También escucha música clásica y siempre se ha interesado en la historia. Ella, junto a las sobrevivientes del art. 516, escribieron uno de los capítulos más importantes en defensa de los derechos humanos.

Ahora, mientras espera avances en la denuncía que interpusieron, escribe cuentos eróticos LGBTI y espera publicarlos. –Son parte de mi vida, mi inspiración. Lo que me mueve a seguir existiendo o seguir sobreviviendo-.

Este año recibió el reconocimiento Patricio Brabomalo por parte del Municipio de Quito por su lucha en defensa de los derechos de las diversidades.

Pelayo también espera la voluntad política de las autoridades para la elaboración de una legislación en materia laboral para personas trans de manera urgente.

Este 28 de junio se lanzó, por primera vez, la creación de una subsecretaría de las diversidades en Ecuador. La importancia de las cifras sobre delitos por odio se torna indispensable para la incidencia de las políticas públicas.

Antes de este anuncio, Purita dijo: -Nos gustaría ser parte del equipo que ejecuta esas políticas públicas para ver los beneficios de la población como la salud, que están limitados-.

Sin embargo, en el acto de lanzamiento de esta Subsecretaría no hubo la intervención de personas trans ni travestis.

¿Quién sabrá escribir la historia,

Refrescarnos la memoria?

Si no abrimos las ventanas todo seguirá igual

Seguirá igual

Seguirá igual!

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