viernes, septiembre 30, 2022
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Municipio y Gobierno no tienen claridad de cómo actuar frente a la inseguridad en Quito, asegura Fernando Carrión

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Una semana después del atentado en Cristo del Consuelo, por el cual se declaró un nuevo estado de excepción, las muertes violentas en Guayaquil y en el país no cesan.

Punto Noticias.- Entre el 2017 y 2021, se duplicó el número de homicidios, pero este último año se duplicará en un solo año, es decir podríamos terminar con más de 4 mil muertes violentas.

Estas son las cifras que justificaron el decreto emitido por el ejecutivo:

Cifras históricas de homicidios en Ecuador

Según el catedrático Fernando Carrión, la violencia ha escalado. Los asesinatos ya no se producen con armas blancas, sino con armas de grueso calibre; e incluso con bombas y con estructuras que no existían en el país, y que hoy están presentes.

A nivel nacional se registraron 145 eventos con explosivos, 72 de ellos en el Distrito Metropolitano de Guayaquil. 49 fueron realizados con artefactos explosivos y 05 vehículos con explosivos, destacando el uso de dinamita, explosivos caseros, emulnor, granadas y pentolita.

Carrión explica que, lo que ocurre en Guayaquil, se encuadra en la lógica del narcotráfico, porque se trata de un puerto, por donde sale aproximadamente el 65% de la droga hacia Centroamérica, Estados Unidos, Estados unidos y Oceanía.

Pero esto no significa que la violencia está encapsulada en Guayaquil. Si bien el puerto principal es el epicentro, se han producido hechos con explosivos en todo el país.

La violencia tiene 3 causas:

  • La herencia que dejó la crisis de la pandemia por COVID 19, que provocó  pérdida de empleo y empobrecimiento.
  • El incremento de la producción de droga en los países vecinos. Perú duplicó su producción y Colombia la incrementó en un 25%.
  • En el caso de Quito, se ha convertido en el centro de la migración de países como Venezuela, Haití o Colombia, producto de lo cual, se observan fenómenos sociales como discriminación, violencia de género, racismo y xenofobia.

En Quito, se evidencia un incremento sustancial de robos a domicilios, a comercios, autos y celulares. Esto responde a la pérdida del empleo estatal, que el sector privado, no ha podido suplir.

En el caso del narcotráfico, Quito también se ve afectada, por ser una ciudad portuaria. Según Carrión, se ha descubierto que por el aeropuerto sale droga, pero también entran insumos para su producción.

¿Cómo se puede afrontar la violencia y los delitos?

Para Fernando Carrión, es necesario que se genere una política conjunta con los gobiernos locales. En el caso de Quito, se cobra una tasa de seguridad, que genera entre 8 o 9 millones de dólares, que deben ser invertidos adecuadamente.

La violencia común, se combate con la reactivación económica, pues si no existe, tendremos sectores que se vean obligados a sobrevivir con el robo y el hurto.

En el caso del crimen organizado, «necesitamos inteligencia, ya que esta, es una forma de organización vinculada con el mundo, y si no entendemos o descubrimos los lazos con las estructuras criminales, es difícil abordarla», señala.

En el caso de la violencia discriminatoria, lo que se requieren, son políticas culturales.

Quito y Guayaquil no encuentran el camino

Por otra parte, se cuestiona la actuación de las alcaldías más grandes del país.

En el caso de Guayaquil, Carrión observa, que se está utilizando el tema de forma política electoral, lo que le parece “criminal”. Se habla de una inversión de más de 50 millones de dólares, que no se ven.

Pero en Quito, donde el alcalde Santiago Guarderas y el Presidente Guillermo Lasso, mantienen una relación cercana, se puede concluir que no saben qué hacer, lo cual es aún más grave.

Otro cuestionamiento, se produce en torno a la Secretaría de Seguridad, creada recientemente, a cargo del exasambleísta Diego Ordóñez. Si bien es necesario un ente coordinador, este debería ser dirigido por una persona que conozca temas de seguridad, lo cual no ha ocurrido.

Lo que hace falta, según Carrión, es un  “plan de acción en el ámbito de seguridad ciudadana” y “un plan antinarcóticos”.

Esto debido a que ya somos un país de consumo, de lavado, un país de intercambio y producción. Frente a cada una de estas fases, se deben plantear políticas explícitas, con políticas, estrategias y recursos.

 

 

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