martes, diciembre 7, 2021
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Los Juegos Olímpicos que ya nadie quiere

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Por Andrés Luna Montalvo

Hamburgo les dijo que “NO” en un referéndum, la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, los calificó como “irresponsables”, solamente Paris y Los Ángeles mantuvieron sus candidaturas para albergar los Juegos Olímpicos de 2024. Pero tampoco había postulantes para la cita de 2028, así que la decisión salomónica fue llevarlos consecutivamente a Francia y luego a Estados Unidos. Sin ciudades ni países que los soliciten por lo costoso y poco rentable de su organización, el Comité Olímpico Internacional (COI) salió del apuro delegando la 35 edición de 2032 a Brisbane, Australia. Las posibles sedes ya no hacen fila, quien postula es aceptado de inmediato y, como sucedió en Río de Janeiro y Tokio, las nominaciones vienen cargadas de protestas por parte de los ciudadanos. Esa es la realidad actual de los JJOO, evento al que se esquiva por el insensato gasto de su realización.

Tokio 2020 había proyectado organizar los Juegos Olímpicos más caros de la historia con un presupuesto estatal de 7.300 millones de dólares. Previo a la realización el gobierno oficializó que el monto había ascendido a 12.600 millones, luego a 15.400 millones, la Junta Nacional de Auditoría de Japón determinó que el gasto real era de 22.000 millones, aunque medios de prensa locales como Nikkei y Asahai revelaron que el dispendio no pudo ser menor a los 28.000 millones de dólares: un escándalo. Japón prepara nuevos impuestos para recuperar las montañas de dinero usado y el cambio de gobierno es inminente, el evento terminó con el capital político con el que contaba el primer ministro Yoshihide Suga.

La fiesta no tuvo público, tampoco turistas, incluso los mismos auspiciantes fueron rehuyendo al intuir que iba a generar un efecto inverso al deseado. La gigante automotriz Toyota prefirió no exponer su marca en el evento pese a ser uno de los principales patrocinadores, y es que ocho de cada diez japoneses estaban en contra de los Juegos por la emergencia sanitaria derivada del Covid-19. Otro factor inesperado fue que la audiencia de Tokio 2020 “fue la más baja desde los JJOO de Seúl 88”, según las cifras de NBC, un dato irónico cuando por primera vez Latinoamérica tuvo acceso, vía YouTube, a prácticamente todo el programa gracias al experimento de Marca Claro, empresa mexicana que liberó la señal para región.

Tras los fracasos económicos de Río 2016 y Tokio 2020, un estudio de la Universidad de Oxford reveló que desde Roma 1960, todos los JJOO se han organizado con sobrecoste de hasta el 244%; mientras se incrementan países, atletas, tecnología y todo lo inherente a esta industria, las pérdidas van volviéndose mayores e insostenibles. Las gigantescas villas olímpicas lucen afantasmadas luego de las semanas de competición y los remodelados o nuevos estadios son subutilizados, con un importe de 20 millones de dólares anuales para su mantenimiento. Fuera de Barcelona 92, cuya arquitectura aun se usa y conserva, la escena de abandono se repite en el resto de ciudades sedes.

El derroche llega a un límite y parece que está a la vista. Al no tener municipios dispuestos a despilfarrar recursos para un mes de éxtasis y celebración, ni tampoco ciudadanos proclives a dejarse meter la mano al bolsillo para recuperar esa jarana con sus contribuciones, las alternativas comienzan a aparecer encima de la mesa. La primera es que una misma ciudad pueda organizar dos Juegos consecutivos para justificar la inversión, pero la idea está sustentada en que los JJOO deberían realizarse cada dos años para que la infraestructura se conserve. La otra opción es mudar el evento a la sede única, como la Atenas en la Antigüedad, que bien podría establecerse simbólicamente en la misma Grecia o echar raíces en un país rico y dispuesto a lidiar con el gran monstruo, donde aparece la figura de Estados Unidos que, como sucedió con la propuesta realizada a la Confederación Sudamericana de Fútbol de organizar todas las Copas Américas luego la exitosa experiencia de 2016, podría erigirse como “la Meca del deporte”, en virtud del liderato en el medallero histórico, con 1061 preseas de oro, 666 más que las 395 que acumuló la extinta Unión Soviética y las 285 que apenas suma el Reino Unido, que aparece como segundo en el ranking.

Lo único cierto es que los tiempos cambian y Thomas Bach, el 9no presidente del COI, sabe que los JJOO de la era moderna también deben hacerlo. Nada se compara a la exigua cantidad de atletas y los escasos recursos que se necesitaban en 1896 cuando nacieron con la modalidad con la que hoy los conocemos. Diversos estudios citados por la BBC demuestran que los Juegos son un «mal negocio» para el país que los alberga. Andrew Zimbalist, experto en economía, le dijo al The New York Times que Japón se gastó, en realidad, más de 35.000 millones de dólares; “si estuviéramos en un mundo racional, tendríamos la misma ciudad sede cada dos años, no tiene sentido construir las mismas obras cada cuatro”.

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