miércoles, octubre 5, 2022
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Los ecuatorianos se van y Lasso mira a otro lado

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Editorial de Radio Pichincha

La imagen de un niño ecuatoriano abandonado en la frontera entre EE.UU. y México quedará marcada en la retina nacional como la expresión más dramática de cómo un país expulsa a sus ciudadanos por la ausencia de oportunidades y por la nula expectativa de vida y bienestar dentro de sus fronteras.

Y al mismo tiempo es la expresión de la indolencia gubernamental, la ausencia de una política social y humana para brindar alguna respuesta concreta a la migración cada vez más intensa y masiva. Las cifras de los ciudadanos, niños y adultos, que han salido del Ecuador y no han regresado el último año ya bordean los 100 mil.

La palabra drama se queda corta frente a un fenómeno que adquiere tintes de dolor, muerte y abandono. Los miles que se van, incluso, lo hacen con el riesgo de morir, de perderlo todo y, quién sabe, como la única salida a una crisis crónica. No nos imaginamos cuántos más se irían a Europa si no existiese el requisito de visa. Claro, Guillermo Lasso y su canciller hablaron de estar cerca ya de conquistar el no visado al Viejo Continente.

Tras la imagen de ese niño abandonado en la frontera, nadie se sorprenda que la ministra de Educación o el mismo Lasso digan que eso explica la deserción escolar de este año en la Sierra y la Amazonía, en el nuevo año lectivo. ¡Ya todo se puede esperar de los funcionarios del Encuentro!

Cuando el actual presidente dijo Más Ecuador en el mundo y más mundo en Ecuador parecería que solo se refería a los negocios que imaginaba para sus amigos empresarios. Porque ahora, hay más ecuatorianos en el mundo y menos ecuatorianos en Ecuador. ¡Así de duro y doloroso!

Paradójicamente Lasso se vanagloria de regularizar a la migración venezolana, por puro sesgo ideológico, pero no pone ni un solo tuit cuando se descubren cadáveres ecuatorianos en su periplo a Norteamérica. Lasso siente “enorme consternación” por la muerte de la Reina Isabel II, pero ni un solo mensaje por un niño abandonado en la frontera con EE.UU.

Si la migración será el tinte más dramático de la crisis social profunda, también explica lo que los gobiernos neoliberales hacen y dejan de hacer con sus mandantes, como ya ocurrió al finalizar el siglo pasado e inicios del presente tras la mortal gestión de un coideario de Lasso, el nefasto Jamil Mahuad: alrededor de tres millones de ecuatorianos y ecuatorianas buscaron un mejor destino en otras naciones.

¿Cuántos más deben morir y huir de su Patria para que el presidente Lasso se pronuncie, tome medidas o al menos haga una oración? ¿Prefiere hablar con la comandante del Comando Sur de EE.UU. para supuestamente combatir a las bandas criminales en vez de contar con su apoyo para garantizar la vida de sus conciudadanos?

En concreto: ¿alguien espera algo de un presidente ausente, lejano o sumido en hacer cuentas de su fortuna y la de sus amigos que cada día se enriquecen más con la política económica, como señalan sus detractores y quienes llevan las cifras del dinero que ha salido del país y de las grandes utilidades de los grandes banqueros?

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