jueves, enero 20, 2022
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La mentira como estrategia

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Por Pablo Iglesias

Queridos lectores y lectoras,

Venimos de unos días de intensificación de los bulos. Las mentiras contra Irene Montero y Alberto Garzón, por su carácter particularmente desvergonzado y su coincidencia con informaciones favorables al Gobierno, como la bajada del paro, o perjudiciales para la derecha, como el informe de la UCO sobre el blanqueo de mordidas de Zaplana, han provocado una reacción más intensa que otras veces en las redes sociales. Ha producido también indignación y escándalo que dirigentes autonómicos del PSOE atacaran al ministro Garzón apoyándose en un bulo evidente (y contradiciéndose a sí mismos) o que incluso varios ministros socialistas hayan aprovechado el bulo para golpear y dejar desprotegido a Garzón. Es legítimo que entre dos fuerzas políticas que gobiernan juntas haya diferencias y que estas se expresen en público. Es legítimo también que haya conflictos, palabras gruesas e incluso interpretaciones diferentes de los mismos hechos. Lo que no es legítimo es utilizar la mentira como arma política.

El problema (y por eso os cuento esto queridas y queridos lectores) es que la mentira ya no es tanto un instrumento político cuyo uso se ha hecho cada vez más frecuente por parte de la derecha y la ultraderecha políticas, y al que a veces se suman sectores del PSOE que sueñan con competir por las bases electorales reaccionarias, sino una estrategia asumida ya sin complejos por parte de la derecha mediática.

No hace falta haber visto The Loudest Voice, la serie sobre el repugnante Roger Alias y Fox News, para saber que la estrategia hegemónica de las derechas mediáticas ya no pasa por una interpretación conservadora o reaccionaria de los hechos, ni por una voluntad de definir los temas que garantice marcos y mensajes eficaces. La estrategia es, simplemente, mentir. La mentira tiene mucha más eficacia y requiere mucho menos trabajo para confirmar las intuiciones ideológicas de los destinatarios del relato que una interpretación ideológica de los hechos. Interpretar la realidad en función de tus ideas y tus intereses es mucho más tedioso que, sencillamente, presentar hechos alternativos.

Irene Montero multiplicó por 100 su patrimonio, Alberto Garzón trabaja contra la ganadería extensiva, Zapatero tiene minas de oro en Venezuela y quien esto escribe fue el responsable de millares de muertes en las residencias de ancianos. Son los hechos alternativos con los que la derecha mediática hace política cada día.

La democracia, al menos en términos formales, requiere de unas mínimas convenciones. En democracia no es legítimo atentar contra la vida del adversario y tampoco es legítimo que los medios mientan. Si ello ocurre, en el primer caso cabe esperar que la justicia actúe contra el que mata y en el segundo, que el mentiroso pierda la condición simbólica  de periodista. Mentir no es necesariamente un delito pero el mentiroso no puede tener consideración de informador. En nuestra época, de momento, la derecha y la ultraderecha solo amenazan con matar a 26 millones de personas o mandan balas a sus enemigos de vez en cuando pero, insisto en que de momento, no matan. Aunque mienten de una manera desenfrenada y desacomplejada, lo hacen incluso con la complicidad cotidiana de espacios mediáticos autodenominados progresistas y disfrutan de la más absoluta impunidad.

Que OK Diario sea el digital con más tertulianos en las televisiones o que se normalice que figuras de este y otros medios como El MundoLa Razón o ABC sean tertulianos habituales en medios públicos o en medios privados con supuestas líneas editoriales progresistas, revela que los niveles de degradación del periodismo asquean hasta la náusea. El problema no es que sean de derechas; eso es perfectamente legítimo. El problema es que mienten.

Lo que vimos el otro día en el programa de ETB En Jake, con su presentador Xabier Lapitz parando en seco un bulo, es por desgracia la excepción que confirma la regla. Nadie imagina a los conductores de TVE o de La Sexta haciendo algo parecido.

Por eso CTXT es tan importante. CTXT no aspira a competir con la potencia de fuego de la derecha mediática pero sí a explicar, con rigor y decencia, cómo funciona el poder mediático. No es poco dadas las circunstancias.

 

 

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