domingo, enero 16, 2022
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Adrián Cevallos pone en escena el constante malestar humano con la obra Última Llamada

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Es un limbo, es un malestar, un infierno, un purgatorio. Es la Última llamada.

Punto Noticias. En momentos, hay un malestar generalizado en el ser humano. No solo es un duelo interminable o un lamento por un amor no correspondiendo. Esa esa piedra volcánica en la boca del estómago a punto de estallar y que lo tensiona todo en nuestra cavidad. Allí, cerquita del corazón. Última Llamada, la obra dirigida por Adrián Cevallos pone en escena, con la interpretación de Erick Calva, esa sensación humana.

La obra tiene una investigación teórica y práctica, desde 2017. Cevallos explicó que se realizó una investigación con psicólogos que lo ayudaron a entender esa emoción y poder trasladarlo a las tablas.

El fondo musical era una torrencial lluvia que caí en Loja. Del techo, como gotas de lluvia que se filtraba y se condensaban, largos hilos construían una telaraña en todo el escenario del Teatro Bolívar.

Luego vino el humo, mucho humo. El olor se percibía en todo el teatro, a oscuras. Un sonido alertaba de una nueva humareda. Éramos parte de esa cavidad, donde se crea la raíz del malestar humano, donde la frustración echa fuego y lo tensiona todo. Tira de los hilos, los rompen, se enreda.

“Se creó como una obra clásica, tradicional, pero la propuesta es romper eso. Empecé a utilizar el texto como un pretexto que, junto con el intérprete, empezamos a generar un montón de sensaciones como suciedad, tensión, como un ahogamiento (por eso el humo) y todas se ubicaban en la boca del estómago”, narró.

Cevallos utiliza la metáfora, la imagen ambigua y las reflexiones que se puedan crear a través del cuerpo. “El concepto de la obra es el malestar humano en todas sus características”, precisó.

El director de la obra propone una representación de esa frustración, sin caer en la creación de un personaje que sufre por amor o por un duelo. “Es como al ver esta obra, todos fuéramos así por dentro”, agregó.

Erick Calva, el intérprete, lleva el ritmo de ese malestar con el paisaje sonoro que lo elaboró Cevallos, a partir con una composición acusmática. Sonidos que permiten dar ese paso a lo invisible, a lo innombrable, pero que está dentro de la escena.

Es un limbo, es un malestar, un infierno, un purgatorio. Es la Última llamada.

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