Richard Carapaz rompió el molde en un país futbolizado

Por: Andrés Luna Montalvo.

El tenis se constituyó durante mucho tiempo como uno de los deportes predilectos de los ecuatorianos. La década de los cuarenta y cincuenta el país estaba representado por el mejor tenista masculino del mundo, Francisco Segura Cano, quien, pese a nacer prematuramente durante un viaje entre Quevedo y Guayaquil, vivió hasta los 96 años.

“Tiene más o menos 7 años cuando levanta por primera vez una raqueta de tenis. Para entonces ya ha contraído y sobrevivido una serie de enfermedades que hubiesen detenido a una persona menos decidida”, cuenta la escritora británica Caroline Seebohm, quien le dedicó un fantástico libro titulado ‘La vida de una leyenda del tenis’. El ‘deporte blanco’ siempre fue uno de los más populares y no necesariamente se espera a los cuatro Grand Slam del año para acaparar atenciones que los astros de este juego despiertan cada semana. Por eso Ecuador cultivó una audiencia alimentada por varios especialistas que acompañaron los procesos de Andrés Gómez y Nicolás Lapentti, treinta años más tarde.

Más complejo fue sumergir a los aficionados en el atletismo o, específicamente, en la prueba de marcha, pese a que el país ostentó la representación del mejor marchista del planeta. Las competencias de Jefferson Pérez despertaban expectativa cuando disputaba mundiales o exclusivamente, cada cuatro años, en los Juegos Olímpicos. En un país odiosamente futbolizado es muy difícil enfocar los reflectores en prodigios que han destacado en otras disciplinas; se tenía que ser el mejor del mundo nuevamente para sacudir a una opinión pública obnubilada por los sinsabores del ‘rey de los deportes’, del que hemos cosechado apenas un trofeo de la élite: la Copa Libertadores de América de 2008.

Pero el carchense Richard Carapaz pateó el tablero en 2018 ganando una etapa del Giro de Italia, la segunda competencia de ciclismo más importante del mundo. En 2019 ganaría dos más y no aflojó el primer lugar de la tabla general durante ocho etapas hasta levantar el Trofeo Infinito. A diferencia de la marcha o el tiro práctico, donde el pichinchano Ricardo López es tricampeón mundial, el ciclismo es un deporte mediático, de eventos continuos y transmisiones semanales.

Carapaz volvió a vestirse esta semana de líder en una prueba europea ganando la tercera etapa del Tour Polonia, otra vez un ecuatoriano subido en el podio de primer lugar y robándose los titulares de los principales medios de comunicación. ‘La Locomotora del Carchi’ ha logrado romper el esquema de los predecibles programas de temática deportiva en el Ecuador y ha obligado a que el periodismo salga del apasionamiento vinculado a su club de fútbol, para penetrar y aprender de una disciplina que actualmente goza de su momento más glorioso, donde decenas de corredores nacionales se han acomodado en los mejores equipos del planeta cobijados por Carapaz, el tercer latinoamericano, luego de Nairo Quintana y Luis Herrera, en ganar una Gran Vuelta europea en 117 años. Egan Bernal sería el cuarto, también en 2019.

Proliferan hoy en Ecuador las páginas especializadas en ciclismo, las transmisiones vía redes sociales de las pruebas de ruta, los periodistas que salieron de analizar el penal y el offside para explicar ‘el pelotón’, ‘la escapada’ o comprender la función de ‘los gregarios’. Si así llueve, que siga el diluvio.