¿Por quién nos toma Catalina Vélez?

Por Andrea Ávila

“¡Qué cholo que está con ese fondo blanco, Jesusito!”, dijo Catalina. El comentario bien podría salir de alguno de los guiones de las muchas series de adolescentes donde el discrimen social, a partir del gusto, establece los bandos y rivales: cholos versus refinados, ricos contra pobres, populares frente a divinas. Pero no, la frase fue dicha por Catalina Vélez, presidenta del Consejo de Educación Superior (CES), y -¡vaya paradoja!- doctora en Desigualdades e Intervención Social, Multiculturalismo, Interculturalidad y Diversidad. Y la dijo al término de su comparecencia virtual ante la subcomisión de la Asamblea Nacional, que da seguimiento a la intervención de la Universidad de Guayaquil. O sea, en medio del ejercicio de sus funciones públicas.

La doctora Vélez eligió el adjetivo cholo, en medio de manifestaciones y debates globales en contra del racismo, para referirse al fondo de pantalla que usaba el asambleísta Jimmy Candell, el cual mostraba el edificio de la Asamblea Nacional. Las redes sociales no demoraron en señalar el racismo en la expresión de Vélez. El asunto se volvió tendencia en minutos. Ella, al día siguiente, se disculpó ante los miembros de la subcomisión, no sin antes victimizarse. En su carta habla de afectación y daño a su honra personal, de tergiversación, mala intención y descontextualización de sus palabras. Y asegura que hizo un uso coloquial del término.

Vamos a ver, Catalina, parece increíble tener que explicar lo que usted debió haber aprendido en las aulas sobre desigualdades, multiculturalisimo o interculturalidad. ¡Por quiénes nos toma! Todo el Ecuador sabe lo que cholo quiere decir, cuándo se usa, su carga racista y la intención de desprecio y superioridad estética que quiere marcar quien elige el término para calificar a algo o a alguien. Y más, por supuesto, cuando va reforzada por un Jesusito y acompañada de una risita burlona como la que usted emitió para cerrar su frase. Nadie la está tergiversando. Nadie ha descontextualizado. Usted dijo lo que dijo y lo celebró cuando se río de ello. A quien escuche la grabación le queda clarísima la intención despectiva que encierran sus palabras.

La indignación que circuló en las redes no tuvo por afán ninguna mala intención en su contra, forma parte de la legítima crítica ciudadana ante los desatinos de quienes ejercen funciones públicas, como usted. Las recientes protestas contra el racismo han llevado (por si no lo sabe) a exigir desde la sociedad civil (desde las redes sociales a las cuales usted llama mal intencionadas) mayor responsabilidad y transparencia a gobiernos, marcas y empresas, porque el racismo solo encierra odio hacia el otro, hacia el diferente, el no hegemónico. Ya no hay lugar para el racismo en ningún espacio público ni privado. No pueden seguirse reproduciendo prácticas racistas, mucho menos en la academia que es el sector que está llamado a las discusiones y señalamientos más críticos y progresistas.

Si usted insiste, en su defensa, que no lo hizo con afán de ofender, le pregunto: ¿cómo le sentaría si, de ahora en adelante, el Ecuador entero se refiriera a usted como la chola Catalina, y acompañara el apelativo con su mismo tono de risa? Si usted se ofende, le recordaríamos que no está entendiendo que es una expresión coloquial, que no debe afectarla y que si nos llama racistas, dañará nuestra honra. Lastimosamente para usted, Catalina, el gobierno y una ministra en especial han abusado de las argucias lingüísticas para darle la vuelta a todo y eludir sus responsabilidades, de manera tan torpe que solo han evidenciado sus clarísimas malas intenciones.

Ya nadie engaña a nadie con eufemismos o queriendo justificar lo injustificable. Hubiera hecho honor (ese que tanto le preocupa) a su cargo y sus estudios si simplemente hubiera dicho: “lamento mis comentarios”. Pero ya es tarde para eso. Usted hizo un juicio digno de un patio de recreo. Sus palabras, Catalina, no solo son racistas e inapropiadas, son imprudentes e -incluso- infantiles. ¿Aportan algo? ¿Eran necesarias? ¿Contribuyen a su ejercicio profesional o la comparecencia en la que participaba? Mientras usted se dedica a cholear el fondo de pantalla de un asambleísta, en la Universidad de Guayaquil los estudiantes siguen a la espera de cupos, pases de notas y soluciones ante la merma de la planta docente. Estos sí, temas que merecen su total atención.