¿PLAN DE CONTINGENCIA O CONDENA A LA PRECARIEDAD?

Por Pablo Salgado J.

El pasado sábado 25 de abril, el presidente Lenín Moreno a través de un video en su cuenta de twitter, anunció el “Plan de contingencia para el arte y la cultura, que nutrirá espiritualmente al Ecuador (sic)”.  Plan largamente esperado por el sector cultural, ya que en varias reuniones virtuales con el Ministro Juan Fernando Velasco así lo habían pedido diversos representantes de gremios y asociaciones de artistas y gestores culturales. Sin embargo, la decepción al conocer el Plan fue enorme: “Su plan solo devela el desconocimiento del sector cultural y el desdén del gobierno hacia la cultura. El presidente tiene que entender que la cultura es un sector indispensable y que ahora se encuentra paralizado, por lo que está en una situación de extrema precarización.  No queremos caridad, queremos política pública y la queremos ya,” dijo la artista, gestora y directora de Arte Actual, Paulina León.

 

La cultura en emergencia

Al inicio del estado de excepción y el confinamiento, el Ministro de Cultura y Patrimonio, Juan Fernando Velasco, anunció un fondo de emergencia de 15 millones de dólares (sic), que mereció el rechazo general. Y luego, en medio de la borrasca y un sin igual varapalo en redes sociales, anunció finalmente que entregará, a través del auspicio del Banco del Pacífico, 40 mil dólares para otorgar 200 dólares a 200 artistas por medio de la convocatoria “Desde su casa,” que se lanzó el 24 de marzo. Han pasado ya más de 30 días y el Ministro aún no hace públicos los resultados y, por tanto, no se entregan esos tan anhelados 200 dólares. Era un tema urgente, pero la burocracia cultural no entiende lo que es el sentido de la oportunidad y menos de la necesidad.

Mientras el país miraba con asombro e indignación lo que sucedía en Guayaquil, y la forma en que el gobierno nacional y la alcaldía de esa ciudad manejaban la crisis sanitaria, el sector de la cultura exigía un Plan de contingencia, pues en otros países ya se habían puesto en vigencia planes para los diversos sectores de la cultura. Planes que contemplan no solo la inyección de importantes  recursos económicos sino, sobre todo, líneas de política pública, normativas y reglamentos de fomento, protección y apoyo a los diversos actores de la actividad cultural y patrimonial.

Tres días después del anuncio del Presidente Moreno, el Ministerio de Cultura y Patrimonio presentó el Plan en sus redes sociales. Y contempla dos etapas: 1. emergencia; y 2. Reactivación y recuperación.  En la emergencia además del bono y el 1 millón para creación y circulación, contiene una línea de crédito Impulso Cultura. La etapa 2, redefinición de mecanismos de fomento; replanteamiento de servicios artísticos y culturales; generación de protocolos, reglamentos y normativas; y acuerdos para circulación de contenidos nacionales e internacionales.

El Plan en verdad responde a las mismas líneas que, en general, el gobierno está aplicando para los otros sectores de la economía. Y sobre todo, persiste en esa mirada neoliberal de asistencialismo y caridad. En la primera etapa, se entregarán 3 bonos de 60 dólares para 5.500 gestores; 180 dólares en tres meses. Es decir ni un tercio de una canasta básica. Y  luego, a través de una convocatoria pública se entregará 1 millón de dólares para 2500 gestores culturales. Es decir, en promedio, 400 dólares: “No es por soberbios, pero no necesitamos tal bono, que nos insulta y nos ofende; nos bastaría con que el Estado nos reconociera como trabajadores profesionales y que reconociera que los pueblos requieren del arte y la cultura para su desarrollo. Nos bastaría que nos reconociera como parte del aparato productivo y nos tratara como tal, dándonos las garantías para desarrollar nuestro trabajo y para vivir de él,” afirmó la gestora, maestra y titiritera Adriana Oña.

Lo mismo sostiene el reconocido músico de hip hop Tranhhco, cuando nos dice: “la cantidad de los bonos, 60 dólares, debe al menos guardar relación con el costo de la canasta básica, lo cual está muy lejos para cubrir su sustento y peor el de sus familias. El golpe al sector cultural serán mucho mas largo que los tres meses.  Se entregará otro millón, pero no creo que esos recursos sean suficientes para generar obras con una mínima producción técnica, como ha dicho el Presidente.”

El escritor, actor, gestor e integrante de Quito Eterno, Javier Cevalllos, también coincide con esta afirmación y agrega: “El plan se queda en los bonos y en las contrataciones, cuando todos sabemos que la contratación y los eventos no son la mejor forma de generar políticas culturales, mas aún cuando ahora se necesitan líneas para la investigación y la innovación, para que los lenguajes se adapten a las nuevas realidades.“

Aunque Cevalllos reconoce la voluntad para implementar el Plan por etapas: “nos alegra, al menos, que el Plan ya contempla etapas, que es lo que nosotros, los escénicos, exigíamos. La emergencia es salvataje, y la reactivación económica de un sector que está siendo muy golpeado.”

La gestora Paulina León va más allá, pues su experiencia en trabajar con numerosos y diversos proyectos culturales le permiten tener una mirada clara de lo que sucede en el país: Esta pandemia ha demostrado además que los trabajadores de la cultura, al igual que los de la salud, la educación, el campo, son quienes sostienen la vida. Y sin embargo, el gobierno insiste en tratarlos como subsidiarios e incluso como innecesarios. El supuesto plan se trata de una medida asistencialista muy al estilo de Moreno que le encanta dar caridad a través de bonos; el bono de la pobreza, de la discapacidad y ahora de la cultura. Y además puntual; 3 meses. ¿Qué representan 60 dólares frente al costo de la canasta básica? ¿Quiénes recibirán este irrisorio bono y cuándo, si recién están pensando elaborar un plan por etapas?: Pensar de manera integral es crear estrategias para la reactivación y el sostenimiento del sector atendiendo a todos los momentos de la cadena de valor del arte y la cultura. Es decir, desde un apoyo constante y real a la producción, pasando por la sostenibilidad, espacios y proyectos auto-gestionados hasta mecanismos de comercialización y circulación de la producción artística subvencionados por el estado y la empresa privada, que rebasen esa lotería de los fondos.”

De su parte, el técnico de la Subsecretaría de emprendimientos e innovación del Ministro de Cultura y Patrimonio, Jonathan Cárdenas, me contestó en faceboock: “el aporte de 60 dólares es una contribución para aquellos que, desafortunadamente, no tienen ni para comer, personas que seguro ninguno de nosotros ni siquiera los conoce. El millón de dólares para proyectos es una forma de alcanzar más empleos y a más personas. No significa que se pagará ese valor. Significa que un proyecto que contenga un grupo de personas, se reconoce el pago por los integrantes. Un proyecto, claramente puede llegar a costar muuuuuchísmo más que los 400 dólares, que mencionas.”

Las bases  de la convocatoria para que esos 2.500 artistas y gestores culturales accedan a ese millón de dólares se presentarán en las próximas semanas, según ha anunciado el propio Ministerio. Pero más allá de la emergencia y la coyuntura, es necesario señalar que el sector cultural ya vivía una constante precarización. Antes de la pandemia, el país soportaba ya en una crisis y recesión económica profunda como consecuencia de las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, y el sector de la cultura lo sentía en carne propia; muchos centros y salas culturales habían cerrado y otros recurrían a determinadas acciones colaborativas para sostenerse, como bien señala la gestora y docente Paola de la Vega: “el problema de la cultura en Ecuador no estalla con la cuarentena y la paralización económica de espacios y actividades, sino que carga en sus espalas permanentemente, y desde hace mucho tiempo, con una mochila plagada de debilidad institucional, egos intelectuales y proyectos personalistas, la herencia de una república de familias, clientelismo, silencio por agotamiento, precariedad y auto explotación, acomodo y la marcada incomprensión de la clase política dirigente del país sobre los sentidos sociales que constituimos desde la cultura no como “sector” sino como colectividad. El sueño naranja, el PIB, el show y el espectáculo electoreros, la mirada asistencialista y en tiempos de crisis, el arte como instrumento de unidad y acuerdo nacionalistas, son el lenguaje legítimo de interlocución  sectorial con los gobiernos de turno cuando hablamos de Cultura.” (Desectorizarnos: El desafío para imaginar otras políticas culturales, Revista digital Sycorax).

 

Ausencia de políticas públicas para la cultura 

La generación de políticas públicas y el incumplimiento de los mandatos de la Ley Orgánica de Cultura, es la gran deuda de los Ministros de Cultura. El Ministro Velasco prometió cumplir con los mandatos de la Ley, pero no. Y a pesar de que el ministro anterior, Raúl Pérez Torres, está  sometido a un juicio político en la Asamblea Nacional por incumplir la Ley, el Ministro Velasco ha continuado por el mismo camino.

Ojalá el COVID19 logre lo que los artistas y gestores culturales no han podido hacer en estos años: que al fin el Ministerio de Cultura se dedique a generar políticas públicas, a expedir las normativas, reglamentos y a constituir los Sistemas y las Redes nacionales pendientes en la Ley.

El Plan de contingencia contempla incorporar los créditos que a través de BANEcuador se ofrecen, como parte del proyecto naranja Ecuador Creativo, a los artistas y gestores. ¿Créditos? Pero si en condiciones normales es imposible, peor en condiciones de crisis extrema. Estos créditos también responden a la misma línea neoliberal que ha implementado el gobierno para el resto de sectores productivos y que, en la práctica, no resuelven el problema. Así sucedió por ejemplo con los altos índices de desempleo en los jóvenes. El Presidente, a través de la Secretaría de Juventudes, anunció que entregará créditos a través del programa Impulso Jóvenes, para que los beneficiarios inicien emprendimientos. Pésimos resultados con mínimo impacto, puro maquillaje, a tal punto que finalmente el propio Presidente resolvió suprimir dicha Secretaría.

En un periodo de recesión económica tan profundo, y cuando el sector cultural será de los últimos en reabrir  y volver a la “normalidad”, sin duda los consumos culturales de todo tipo caerán notoriamente. Por tanto, ¿cómo los gestores podrán pagar esos créditos?. Si en condiciones de normalidad, no es posible, peor en condiciones de pobreza y recesión. Además, no olvidemos el fracaso de los famosos créditos del Fondo de cultura del Consejo Nacional de Cultura (ahora en el IFAIC) cuando muchos artistas no pudieron cancelar sus créditos y perdieron lo poco que tenían: “Los créditos mas que apoyos son negocios, y ¿cómo, si no hay trabajo se pagarán luego las cuotas?.  En general las medidas son superficiales e insuficientes.  Hay que generar proyectos solidos y permanentes.  Desde hace tiempo, el sector cultural necesita cambios estructurales, profundos; se necesitan presupuestos adecuados y políticas sólidas para crear, conectar y fortalecer con todos los eslabones de la cadena de valor, es decir la producción, circulación y consumo de cada uno de los frentes del sector cultural. Necesitamos ingresos no para sobrevivir, sino para tener una vida digna,” dice el músico de hip hop Trahhco.

Varios colectivos realizaron propuestas para un Plan de contingencia, y elaboraron el documento “Acuerdo nacional rumbo a la transformación cultural,” en el cual proponían al Ministerio de Cultura una serie de medidas urgentes: presentaciones remuneradas, con un salario mínimo, en espacios focalizados; agilitar el pago de los beneficiarios del IFAIC; ingreso en la Seguridad Social; facilitar el acceso a créditos blandos; nuevas líneas de fomento, que incluya líneas exclusivas para el Guayas; convocatorias para artistas en el desempleo; participación del sector privado, mecenazgo; acceso al Sistema educativo; re-direccionar recursos y nuevas convocatorias de los Gads; entre otras.

Sin embargo, esas propuestas no han sido acogidas, de ahí que el Plan presentado no representa, ni de lejos, a las demandas y necesidades de los artistas: “estas medidas del Plan son super deficientes y demuestran la visión que el gobierno tiene de la cultura, como algo superficial y accesorio. Lo que me sorprende es que hasta hoy el Ministro no ha tenido la oportunidad de vislumbrar alternativas. Este paquete parece ser un algo mejor que un nada. Yo esperaría que el Ministerio -que quiere impulsar la creatividad- tenga medidas menos fofas; unas medidas que apuntan a darnos bonos de 60 dólares y  fondos para creación que no llegarán a generar nada, sino un gasto.  Y hablan de los créditos, pero los créditos beneficiarán solo a los que están en la industria cultural, pero no a los artistas independientes como nosotros. El presidente en su miopía y ligereza habla de que los artistas levantamos el ánimo, pero el arte es mucho mas que eso; es salud física, salud mental y el arte juega un papel fundamental.  Hay muchas soluciones pero poner al arte solo donde le corresponden la migajas, como en estas medidas, refleja la visión de este gobierno,” nos dice con enfado Matías Belmar, del Círculo de Artes Escénicas y quien participó de algunas reuniones con el Ministerio de Cultura.

La propia Casa de la Cultura Ecuatoriana realizó varios planteamientos para la elaboración del Plan; los núcleos de Azuay y Tungurahua remitieron cartas abiertas al Presidente y el núcleo de Pichincha incluso presentó un plan, aunque incoherente y poco austero. Luego, la Junta plenaria de la Casa resolvió remitir al Presidente Moreno una cándida carta, en la cual le solicitaban tres puntos: que no se recorten sus presupuestos, para con esos recursos crear un Fondo de ayuda; que se elimine la lista de ítems de cultura restringidos; y que se mantenga el proyecto Arte para todos.

El presidente del Núcleo de Manabí de la Casa de la Cultura, Fidel Intriago, hace un alto en la entrega de canastas de víveres, en las zonas rurales de su provincia, para referirse a los contenidos del Plan: “Desde Manabí podemos hacer dos lecturas.  La primera es que se está escuchando al sector, antes no importaba si se respondía o no a los gestores del país. Ahora al menos ya el Presidente plantea un plan de contingencia, quiere decir que hemos ganado territorio en la opinión pública. Pero la respuesta no es la que se quiere, ha sido una respuesta populista y el resultado puede ser peor. Es decir, unos centavos por tres meses para artistas vulnerables. Ellos no quieren caridad, quieren tener oportunidades laborales. El sector cultural quiere trabajar y mucho mas en este nuevo escenario que requiere respuestas claras, ya que es una oportunidad para repensar la forma en que hemos estado trabajando, y que de una vez por todas generen políticas culturales. Puede ser malo, porque el sector puede terminar aún mas precarizado, ya que estamos induciendo a otra gratuidad, que hizo daño ya al sector. Vamos a tener en la post pandemia un sector que se va a acostumbrar a trabajar con menos dinero y una ciudadanía que ya ha demostrado que cree que el sector debe trabajar gratis. El Plan no ha sido una buena respuesta.”

En el Plan deben estar integradas todas las instituciones del Sistema Nacional de Cultura, además de GAds y otras  entidades que, voluntariamente, así lo manifiesten. Es simplemente absurdo que la Casa de la Cultura Ecuatoriana, por ejemplo, y sus núcleos en todas las provincias del país, no hayan sido tomados en cuenta. Es a través de esas instancias –en territorio- que deben ejecutarse las acciones de contingencia, como bien señala Javier Cevallos: “El otro pendiente es que el Ministerio no termina de ejercer como Ente rector, no hay una respuesta clara sobre políticas culturales para los GADs o para el resto de instituciones culturales. Falta una visión macro que devenga en políticas culturales también macros, integrales. Por eso, ahora estamos gestionando directamente ante el Municipio de Quito que focalice los fondos de cultura que aun quedan para estos procesos locales.“ 

Hay una gran coincidencia en los diversos artistas y gestores, cuando afirman que no se quieren dádivas sino políticas que garanticen el acceso al empleo a quienes ahora están en la desocupación y la generación de nuevos puestos de trabajo. Líneas de política para garantizar, en un nuevo escenario, las actividades de los artistas y que eviten el cierre de salas, librerías, teatros, y mas emprendimientos culturales: “Lo primero que me preocupa es que no tenemos un censo de artistas, por ello me pregunto: ¿a quiénes van a llegar esas ayudas?. ¿Solo para los del RUAC?. Pero sabemos que no son todos. Y lo segundo que me preocupa es cómo se va a repartir. ¿Volvemos a los fondos concursables? Ya eso habíamos dicho que no funciona, que es terrible, que con eso se agudiza la precarización, peor ahora con la emergencia. Yo creo que hay que repensar la forma en que se van a entregar estos recursos para que lleguen a la gente que lo necesita. Lo otro es que los artistas nos quedamos sin trabajo, fuimos el primer grupo en entrar y seremos el ultimo en salir. Somos un sector que siempre ha sido creativo, pero hemos vivido precarizados. El ministerio debe sentarse con los artistas a repensar ese Plan. Por ello tenemos el Acuerdo Nacional para la transformación de la cultura. El plan presentado nos deja mas preguntas, que respuestas. En 45 días de emergencia solo hemos recibido apoyo y solidaridad de las personas, nada del Estado,” afirma Héctor Garzón, presidente de la Asociación de artistas populares del Guayas.

Otro tema que genera unánimes coincidencias es la necesidad urgente de encontrar una solución para los problemas del IFAIC con los proyectos represados y el pago a los artistas en espera desde hace ya mas de dos años: “Quedan en el aire las líneas de fomento, porque el plan simplemente deja en manos del ICCA y el IFAIC, y todos sabemos cómo está el IFAIC, que ni los procesos de hace dos años puede cerrar” nos dice Javier Cevalllos.  Y una de las artistas perjudicadas, Tayna Sánchez, añade: “No podemos ser empáticos con el IFAIC porque con conciencia y a plena luz del día, la actual directora (María Teresa Galarza)  tomó la decisión  de hundirnos en este pantano. Seguimos impagos y no hay para cuando…”.

Caso distinto es el del Instituto del Cine y la creación Audiovisual, ICCA, que ha obrado con mas sentido común y, en conjunto con las asociaciones del sector audiovisual, ha logrado establecer un cronograma de nuevas convocatorias con otros lineamientos. Además entregaron, en los tiempos previstos, los resultados de su más reciente convocatoria: “conocemos la gravedad económica del sector y la necesidad absoluta de correr a su rescate. Anunciaremos medias para los festivales, haremos una convocatoria a los productores para que presenten sus obras de manera virtual, lanzaremos una línea de producción de cortometrajes para pagar a los técnicos del cine, rescataremos la memoria de lo está sucediendo, y  estamos preparando protocolos para la post pandemia. Estamos en diálogo permanente con los colegas nacionales y de América Latina para estar mejor preparados para la post pandemia,” aseguró su director Jan Vandierdonck.

El Plan de contingencia además ignora al sector patrimonial, apenas si en la primera etapa menciona al INPC junto a los otros institutos. Desde el Ente rector no se han generado insumos, ni protocolos, peor ayudas para los repositorios de bienes patrimoniales. Los numerosos  museos comunitarios y privados de las provincias de Santa Elena y Manabí, por ejemplo, han solicitado ayuda a través de las redes sociales para mantener en buen estado sus pequeños museos, pero en este Plan  ni se los menciona. Ojalá, al menos, se los incorpore en las convocatorias. Además, los recortes presupuestarios y los despidos de quienes tienen contratos provisionales o temporales afectará a los repositorios del propio Ministerio de Cultura.  Aunque el Ministerio pretende, en plena emergencia sanitaria, trasladar las reservas patrimoniales del Edificio Aranjuez al edificio de UNASUR  a un costo de 500 mil dólares, lo que ha generado el rechazo airado de los historiadores, investigadores y actores patrimoniales.

Así,  la emergencia sanitaria y, sobre todo, la post pandemia puede resultar mortal para muchos actores culturales. De hecho varios centros culturales y salas –como el Museo Mindalae- ya han anunciado su cierre.  Así, al Ecuador le esperan días y horas muy difíciles, agravadas por las escasas respuestas del gobierno nacional. Para el sector cultural, no hay más opción que, una vez más, ser más creativo, re-pensarse, re-inventarse, y –como muchos ya lo están haciendo- generar nuevos espacios colaborativos, colectivos y solidarios como la única forma para resistir y sobrevivir.