domingo, abril 18, 2021
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¿Otra vez la estrategia del fraude?

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Por Palmira Chavero.

Opinión.- Hay una falsa creencia, muy extendida en períodos electorales, según la cual quien “va primero” en las encuestas acaba siendo beneficiado. Esta premisa tiene cierta base científica, pero asumirla sin dudarlo refleja, también, un fuerte desconocimiento del funcionamiento real de las encuestas: el efecto generado por la publicación de los sondeos también puede ser el contrario (lo es, cuando se cumplen ciertas condiciones).

Un segundo error, también muy extendido, consiste en confundir la predicción espacio-temporal, es decir, creer que los resultados de una encuesta sirven para entender el futuro. Esto lleva a la falsa afirmación de que las encuetas “aciertan” o “se equivocan”: no pueden hacer tal cosa porque no sirven para adivinar el futuro (algo muy distinto es la manera en que se estima el voto de los indecisos y otra serie de mecanismos). Los 10 días durante los que el Código de la Democracia prohíbe publicar resultados de encuestas son, por así decirlo, ese futuro. Es decir, una encuesta es una especie de “foto finish” que nos muestra cómo está la realidad (o cómo la gente dice que está) en un momento determinado, nos muestran cómo está el presente, pero no se puede tomar como un adelanto de lo que va a pasar en 10 días.

Por supuesto, el tamaño de la muestra (relacionado con el margen de error), los niveles de confianza, la manera en que se realiza la encuesta y muchos otros elementos (estadísticos, sociológicos, psicológicos, políticos y comunicativos) tienen que ser tomados en cuenta para analizar correctamente los resultados. Por eso es importante que, cuando se comparten los resultados de una encuesta, se den todos los datos necesarios y no sólo el “resultado final”. Este terreno se vuelve mucho más resbaladizo cuando tenemos en cuenta la velocidad con la que se dan los cambios en la sociedad y la manera -cada vez más tardía- en la que se toman las decisiones: en torno al 16% de la ciudadanía decide su voto el mismo día de las elecciones.

Ahora bien, lo que está en juego el próximo 11 de abril nada tiene que ver con los problemas conceptuales de las encuestas, sino con el uso político de esta herramienta científica. Los antecedentes no están lejos: el propio candidato Guillermo Lasso apeló a una encuesta (que luego se supo había sido fabricada) para tratar de justificar un supuesto fraude en la segunda vuelta de las elecciones de 2017; también el candidato Yaku Pérez volvió a utilizar esta estrategia en la primera vuelta del 7 de febrero, al basar su denuncia de fraude en unas supuestas encuestas[1]. Pero hay más: la desconfianza ciudadana hacia el CNE y las dudas sembradas en torno al funcionamiento de este órgano desde el año pasado (con denuncias de varios candidatos) allanan el terreno para que esta estrategia pueda llegar a ser reconocida como veraz por parte de la ciudadanía.

Estos días estamos viendo, sobre todo en redes sociales digitales, cómo los voceros del círculo del candidato Lasso publican una seguidilla de información de supuestas encuestas serias de las que nada se dice, salvo un resultado avalado a veces por humo. Esta guerra de encuestas no nos habla sólo de cifras o de ventajas, sugiere una posible intencionalidad de volver a activar la teoría del fraude a partir de datos de encuestas que no han sido compartidas al público como corresponde (es decir, de las que no sabemos prácticamente nada) y que no reflejan los posibles cambios de la población de los últimos días.

Las elecciones del 11 de abril no las ganará quien supuestas encuestas hayan dicho una semana antes que va a ganar. El alto número de indecisos aún no se pronuncia y no es un tema menor. Pero para garantizar el ejercicio político es fundamental que el CNE ofrezca garantías de transparencia y respeto a la decisión de la mayoría, que los observadores electorales nacionales e internacionales acompañen todo el proceso y certifiquen que, en efecto, se respeta la democracia. No más anuncios de resultados antes de terminar el recuento, no más shows de cajas vacías ni sondeos poco transparentes: Ecuador no puede seguir perdiendo tiempo.

Tomado de: Ruta Krítica

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