Nuevo Director Técnico, ¿para qué?

Por: Andrés Luna Montalvo.

Todo salió en contra con los españoles. Primero la pandemia, que ha arruinado al país y se llevó por delante los eventos deportivos; segundo su nacionalidad, que los separó miles de kilómetros de sus seres queridos y sintieron más que en otro contexto la necesidad de tenerlos cerca; y tercero la pequeñez de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, que además de carecer de liderazgo, es menos que cualquier otro proyecto deportivo, sea del poderoso F.C. Barcelona o del modesto Real Betis, preocupado año tras año por mantener la categoría.

“El Rey ha muerto, viva el Rey”, piensa enfervorizada la afición futbolera del país mientras dictan una retahíla de nombres de entrenadores para gustos, colores y paladares. Sin embargo, un nuevo Director Técnico, ¿para qué? A fecha de hoy no hay competencias de fútbol en toda Sudamérica y particularmente en Ecuador seguimos contando los muertos por cientos. Con hospitales atiborrados de pacientes contagiados y complicados por el Covid-19, la reanudación del torneo local, supuestamente dentro de una semana, parece inviable. Arrancar las eliminatorias en octubre, es una apuesta con altas probabilidades de perder.

¿Hay dinero en la Federación?, a Cruyff, Cordón y compañía está pendiente pagarles una millonada por ver vídeos y pasearse por el mundo “charlando con los muchachos”. La ambiciosa empresa de contratarlos y el ruidoso fracaso en el que desembocó todo esto, debe dejar una institución quebrada. ¿Hay auspiciantes?, ¿hay competencias?, ¿habrá taquillas?, nadie puede responder con certeza esas preguntas y por lo tanto no existe un plan para entregarle a un entrenador. ¿Sobrevivirá la presidencia de Francisco Egas a los incesantes ataques de sus detractores?, ¿tendremos nuevas elecciones de la Federación en el corto plazo?, todo es posible.

Por ahora el DT de la Selección se llama, otra vez, Jorge Célico, y la opción de que sea ratificado, por la fuerza de las circunstancias, está latente. Existe la posibilidad de que se contrate un entrenador que purgue los desacuerdos políticos y favorezca, directa e indirectamente, a los clubes grandes, desde cláusulas de rescisión o preferencia por convocar futbolistas de estos clubes, como sucedió con Gustavo Quinteros y Emelec, como podría suceder con Guillermo Almada y su vinculación con Barcelona o el caso de Edgardo Bauza con Liga de Quito.

También está la alternativa de optar por técnicos del medio ecuatoriano, quienes han echado raíces en este país y les constará menos asentar un proyecto de bajo presupuesto, como es el caso de Pablo Repetto, Miguel Ramírez o Santiago Escobar. Por lo tanto, es indispensable responder primero a la pregunta ¿para qué?, y luego vendrá la del ¿quién?, pero no ha llegado aún ese momento, pues mientras la Federación siga siendo una trinchera de fuego cruzado y las acusaciones de corrupción sean balas que silban por las cabezas del directorio, el seleccionador puede esperar, para todo lo demás, está Célico.