Nuevamente ríos cercanos a comunidades tsáchilas están contaminados en Santo Domingo

Foto El Comercio

Las acciones de remediación de la contaminación en los afluentes de las comunas tsáchilas empezaron la tarde este miércoles 23 de septiembre.

Punto Noticias.- Una contaminación viscosa de color negro fue cubriendo la superficie del río Poste y llegó pronto al Nilo, en Santo Domingo de los Tsáchilas, en la región occidental del Ecuador. Son nuevos casos de contaminación de los afluentes que de a poco han perdido su capacidad de protección del ecosistema en las comunas tsáchilas.

 

La alerta contaminante que podría ser un tipo de carburante la dieron los nativos de la etnia, enviaron videos a las autoridades, este miércoles 23 de septiembre. La lideresa tsáchila, Albertina Calazacón, indicó que estos problemas ocurren hace años por la acción inconsciente de personas y empresas que botan sustancias nocivas a los afluentes.

Las lubricadoras, lavadoras de autos, talleres mecánicos, fábricas de materiales de limpieza, conjuntos habitacionales, industrias alimenticias, son señaladas como causantes de estos hechos desde hace tres años.

Calazacón expresa que la Fiscalía tiene una docena de peticiones judiciales contra los causantes del presunto daño ambiental. “Nadie hace nada pese a que insistimos que se remedie nuestro entorno”.

El río tiene un “olor es insoportable”, aseguró la dirigente indígena, desde una de las orillas. La superficie del afluente tiene una materia espesa estancada que los nativos intentaron remover para que fluyera.

Los Técnicos de la Dirección de Gestión Ambiental de la Prefectura y varios agentes de la Policía de Medio Ambiente gestionaron el pedido de los tsáchilas e inspeccionaron el lugar.

Realizaron varias muestras del material, entregarán un informe que determine el tipo de sustancia contaminante para ubicar a los responsables del daño ambiental, dijo el Gobierno Provincial en un comunicado. Mientras tanto se colocó barreras absorbentes y materia orgánica para disipar el carburante.

Fuente: El Comercio