domingo, abril 18, 2021
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Mujeres: protagonistas en el combate contra el COVID-19

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Para Karla, Paola, Cintia y Liz, la educación es la calve para romper con las desigualdades de género.

Punto Noticias. Matilde Hidalgo tuvo que enfrentar a una serie de obstáculos -todos por un sistema machista- para poder ser la primera mujer médica en el país. En 1921 obtuvo su licenciatura en medicina y abrió el camino para que millones de médicas puedan ejercer esta profesión. 100 años después, las mujeres profesionales de la salud aún deben enfrentar al machismo en sus carreras.

Karla Calle, posgradistas en Cuenca, señaló que existe un mayor porcentaje de mujeres que trabajan en la salud, por lo que tuvieron un papel protagónico en el combate contra el COVID-19. Sin embargo, son más los hombres quienes ocupan los cargos directivos.

En los meses más duros de la pandemia, los posgradistas no contaban con los equipos de bioseguridad. El Ministerio de Salud, indiferente a su realidad, no podía entregar mascarillas o trajes por un vació legal. Karla lideró la lucha nacional, como vicepresidenta de la Asociación Ecuatoriana de Médicos Posgradistas, para exigir al Gobierno que les paguen los más de dos meses adeudados, así como la entrega de equipos de bioseguridad.

“Adaptarse a clases por zoom, asistir actividades presenciales, adaptarse a la educación virtual de mi hijo y, aparte de eso, encabezar la lucha de posgradistas para que la gente entienda la necesidad de empoderarse de sus derechos, que nadie nos dará peleando por un derecho, fue realmente duro”, agregó.

Luego de varias protestas, recién el 3 de agosto de 2020 –cinco meses después del inicio de la pandemia, se autorizó a las direcciones de hospitales a que les entreguen cuatro mascarillas a los posgradistas.

Matilde Hidalgo tuvo que enfrentar las estructuras machistas de su época para que puedan estudiar medicina. Karla, en la actualidad, enfrenta actitudes similares.

“Seguimos viviendo en una sociedad muy machistas. El hombre que esté con mandil se le dice doctor, y a la mujer se le dice niña, chica, señorita. Lamentablemente muchos médicos creen que la opinión de la mujer valen menos que la del hombre”, cuestionó.

Para Paola Arévalo, emergencióloga del Hospital del IESS Sur de Quito, los tres años de su posgrado enfrentó una persecución por denunciar un acto de violencia machista. Cuando cursaba su segundo año del posgrado, en el Hospital Padre Carolo, un día llamó la atención a los posgradistas de pediatría, quienes se fueron a quejar con el doctor a cargo de ellos. En respuesta, Paola obtuvo un acto violento por parte del médico.

“El tipo me quería pegar y le enfrento y le dijo: ¿en serio me vas a pegar? Abrí la puerta del consultorio para sacarlo porque estaba muy descontrolado y me agarró de las manos durísimo y sacudiéndome. En ese instante creí que sí me iba a pegar”, relató.

José Luis Ayala es un doctor con historial de violencia, no solo física. Paola presentó la denuncia escrita en el hospital y, en vez de recibir ayuda, le echaron la culpa y vivió 3 años de ataques. Incluso, le suspendieron dos meses su sueldo.

“Como este señor es parte de la directiva, la actitud del hospital y de todos fue echarme la culpa e incluso intentaron ver que tenga errores para tratar de quitarme la beca”, dijo.

Paola terminó su posgrado y ahora atiende en el que fue el primer hospital centinela del país para recibir casos de COVID-19 y lidera el área de emergencia, un punto clave para salvar vidas.

La doctora Cintia Iza fue la primera en Sangolquí en atender a pacientes con el virus, pero no solo lo hizo desde su consultorio privado, también decidió salir a los domicilios, atendiendo hasta 10 casos diarios.

“El consultorio es nuestra comodidad, pero te das cuenta que el paciente COVID-19 no tiene cómo movilizarse. Incluso nosotros tomamos las muestras y las llevamos a los laboratorios, los hospitalizamos”, contó.

Cintia lleva un récord de atención a pacientes sin tener ningún fallecido. De las más de 400 personas que ha atendido, pocas han tenido que acudir al hospital y todas han superado la enfermedad.

La doctora lamentó que la sociedad aún no puede creer que una mujer sea doctora. “Cuando fui a la rural, fui con un Técnico de Atención Primaria de Salud (TAPS). Yo voy con un TAPS hombre y el paciente asume que él es el doctor por el hecho de ser hombre y yo la TAPS por el hecho de ser mujer. En nuestra cultura está todavía muy enraizada que son los profesionales los hombres y las mujeres somos quienes les ayudamos”, criticó.

Liz Ortiz, fisioterapeuta independiente, tuvo que cerrar su consultorio por la pandemia. Pero la atención no paró y los pacientes con dolores musculo esquelético se incrementaron por el contexto de los confinamientos y nueva normalidad.

“Tuve pacientes que se quedaron sin atención cuando empezó la pandemia y eso fue una de las cosas que me motivó. Aparte el factor económica porque los ahorros que tenía se terminaban”, señaló.

Liz viene de una familia de mujeres valientes y empoderadas, que le dejaron una de las más importantes enseñanzas.

“Mi abuela siempre fue empoderada y, en casa, mi madre intentaba que entre mis hermanos -que somos dos mujeres y dos hombres- haya un equilibrio. Intentó inculcar en mi hermana a mí, que seamos personas independientes y que no tengamos la necesidad de depender de un hombre, creo que ahí nos ayudó a que nosotras podamos crecer como mujeres más libres”, recordó.

Pese a que son 100 años que le distancia a Matilde de Karla, Paola, Cintia y Liz, en la medicina aún existen actitudes machistas que, según acordaron todas, la educación es la calve para romper con las desigualdades de género.

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