La mentira creíble

Por Rodrigo Rangles Lara

“La mentira creíble” es pieza fundamental de una amplia gama de recursos comunicacionales  que utiliza la  propaganda amarillista para construir realidades con propósitos estratégicos políticos o geopolíticos, engañando a multitudes.

“Los maquiavélicos” se auto llamaron los ideólogos norteamericanos que idearon y propusieron realizar campañas propagandísticas de corte autoritario utilizando esa “novedosa” invención lingüística manipuladora, con el fin de “gobernar la mente humana” y construir “un mundo a nuestra imagen y semejanza”.

Asumieron las técnicas y experiencias del fascista Goebbels en la cruzada hitleriana e hicieron, de “El Príncipe”, de Maquiavelo su libro de cabecera, en una combinación ideológico político – comunicacional que les llevó a perfeccionar una diabólica fórmula inicialmente bautizada como “La Mentira Necesaria”, devenida luego en “La Mentira Creíble”, con “exitosos” resultados en distintos puntos del planeta.

Ese grupo de padres fundadores de las denominadas operaciones encubiertas, allá por los lejanos años cincuenta del siglo pasado, consiguieron elevar a política de Estado sus maquiavélicas propuestas con el apoyo de Edward Barret, entonces Canciller de Estados Unidos, quién propuso que: “para ganar la mente de los hombres, la verdad puede ser el arma norteamericana, pero, si para promover la verdad había que utilizar el engaño, que así fuese”.

En ese propósito de ganar influencia ideológica y dominar el mundo, Barret aconsejó que cualquier campaña de  propaganda “será poderosa cuando va unida a acciones y políticas concretas” y  Adam Watson, asesor en operaciones encubiertas, recalcó: “la propaganda es efectiva cuando el sujeto se mueve en la dirección que uno quiere, por razones que piensa son propias”.

La propaganda, concebida bajo esos preceptos reñidos con la ética, resultó arma eficaz durante la “Guerra fría” – traiciones y compra de conciencias de por medio – para consolidar las premisas capitalistas norteamericanas sobre los avances socialistas liderados por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS) que colapsó, en 1990, dando paso supuestamente “al dominio del pensamiento único” o “al final de la historia”, como pretendería equivocadamente Fukuyama.

A la vuelta de setenta años, los iniciales exitosos balbuceos para controlar la mente del hombre basados en la teoría de “La Mentira Creíble”  se potencializaron gracias a los avances científicos sobre Psicosociología, Biología, Estadística, Electrónica, Informática y otras ciencias en ascenso que permitieron a las élites gobernantes “conocer a los individuos mucho más de lo que ellos mismo se conocen”, con la intención de manipularlos y crear una sociedad sumisa y acrítica.

En ese antidemocrático y perverso plan juegan un papel trascendente los tradicionales medios mercantiles de difusión organizados en poderosas cadenas corporativas transnacionales y sus en claves locales, sustentados en el apoyo de comunicadores de la más variada especialidad que actúan como agentes bien remunerados,  dedicados a reproducir diariamente, en el planeta, millones y millones de valores y códigos implantando ideas, deseos, miedos y comportamientos, en suma, moldeando las estructuras sociales según los intereses del imperio o de grupos fácticos locales o foráneos.

Con matices que crean la sensación de libertad informativa y de expresión – a veces escenario de basura comunicacional – las redes sociales cumplen un rol más efectivo dada su formato de manejo fácil, su inmediatez y alcance ilimitado. Ellas se mueven también al ritmo del dinero ofrecido por poderosos gestores y contribuyentes involucrados, muchas veces, en operaciones encubiertas para favorecer políticas locales o del exterior  difundiendo Fast news bajo la consigna de Goebbels: “Miente, miente, miente que algo quedará. Cuando más grande sea una mentira más gente la creerá”.

El diario estadounidense Washington Post cuenta – a manera de ejemplo- que en Facebook se detectó una red de desinformación  a favor del gobierno golpista de Bolivia y contra los gobiernos de Venezuela y México ligada a CLS Strategies, que gastó 3.6 millones  vinculada con Atlantic Council, del ultraderechista Aznar; la OEA del tristemente célebre Luis Almagro; la USAID, vinculada a la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) y Atlas Network.

Las noticias falsas – comentó el mismo rotativo –   se han convertido en una industria que fabrica una “realidad virtual” con la “pretensión de manipular e influir en las opiniones y decisiones que puedan tomar las personas desprevenidas”.

El profesor Hugo Pardo Kulinski, en su obra “La Microfísica de la Posverdad”, recuerda que “la comunicación política sabe que entre racionalidad y emoción, predomina la emoción y que la manipulación, las medias verdades o directamente las mentiras estratégicas hacen su juego para construir una base electoral o, peor aún, consolidar una idea política”.

Ese conjunto de premisas para secuestrar la mente, junto a otras como las “Lawfare” y “El Gran Garrote” – según el caso y la necesidad – aplicó y aplica rigurosamente el imperio y sus domesticados líderes locales alrededor del mundo, con el fin de mantener la hegemonía y nutrir sus arcas con el asalto al más variado menú de recursos naturales, sembrando de muerte y miseria como en Afganistán, Irak, Libia, Siria o más cerca, en nuestra América Latina, víctima del Plan Cóndor en Argentina, Chile, Brasil o, Uruguay.

Cuba, Nicaragua, Venezuela, Argentina o México son y han sido las víctimas contemporáneas de esas malditas fórmulas aplicadas para lesionar su soberanía y cortar el avance de conquistas sociales y humanas conducentes a mejorar el nivel de vida de sus pueblos, avanzar con dignidad hacia el futuro, vivir en paz y armonía.

Ecuador no podía quedar al margen de la mirada imperial deseosa de romper la corriente progresista liderada por Correa y la Revolución Ciudadana e implantar el neoliberalismo crudo y duro, contando con la complicidad de un Presidente corrupto, inmoral, sin sustento ideológico, de pocas luces y ambición desmedida fácil de chantajear, así como un grupo de acólitos tan traidores y corruptos como él, que se venden “por un puñado de lentejas”.

Ante el avance indetenible de una enojada fuerza popular, enarbolando la bandera de la Unión por la Esperanza, que busca el triunfo electoral, los confabulados -aterrados porque deberán rendir cuentas de sus mañosas malas artes-ensayan el fraude con el apoyo de sus poderosos mentalizadores y patrocinadores extranjeros, a fin de lograr la muerte política definitiva del partido, de sus líderes y de todo vestigio de oposición verdadera para colocar, en Carondelet, a su delfín banquero, inaugurando oficialmente una Dictacracia , como pocas veces en la historia nacional.

¡Ah! Pero, los necios hechos dejarán desnudos a los verdaderos mitómanos   y  la realidad, con la verdad verdadera al descubierto, les condenará para siempre en la historia, sumarán el repudio de la opinión pública y sufrirán el rigor de la ley.