La Liga de las finales

Por: Andrés Luna Montalvo.

Opinión.-Aunque Delfín consiguió en 2019 la hazaña de derrotar a Goliat en la final, las definiciones en partidos de ida y vuelta han sido generalmente favorables para Liga Deportiva Universitaria, el equipo más laureado del país en lo que va del presente siglo. Los buenos augurios comenzaron en 1999, cuando todo apuntaba a que El Nacional diera una nueva vuelta olímpica con clásico quiteño de por medio. “Los puros criollos” habían sido invencibles para Liga, había paternidad durante la temporada y un alimentado ego de haber sido el primer equipo en ganar en el recientemente inaugurado estadio Casa Blanca. Pese a la anticipada atmósfera de celebración militar, Liga de Quito dio la vuelta olímpica en el Atahualpa tras un resultado global de 4 a 1, era el segundo bicampeonato y la puerta de entrada a un siglo XXI magnífico.

El campeonato ecuatoriano de fútbol se ha decantado históricamente por la disputa de liguillas para perseguir el título, es por esta razón que las finales de ida y vuelta no han sido usuales durante estos últimos 20 años. Pero una de las definiciones más emblemáticas fue el torneo Apertura 2005, con la final soñada entre Liga y Barcelona. Los guayaquileños se deshicieron de El Nacional en las semifinales, mientras que los universitarios lidiaron con Deportivo Cuenca previo a la gran final.

Entre las dos postales que recuerdo de esa cobertura, está el vaticinio de Pablo Aníbal Vela, “Rey de la Cantera”, quien en su experiencia de largos años transmitiendo fútbol, resignó que tras ese escueto1-0 con el que Barcelona ganó en el Monumental, la Liga tenía medio título en el bolsillo. Me lo confesó mientras comía un plato de “menudencia de chivo”, parte de su menú preferido en el bar del Isidro Romero Carbo. La otra postal es la del abogado Roberto Román, otro ídolo popular del periodismo guayaquileño, con quien compartimos asiento en el palco de periodistas y no podía sostener la gorra en la cabeza tras sufrir los tres goles con que Liga dio la vuelta olímpica en la Casa Blanca.

Siguieron prevaleciendo las liguillas, esas que regularmente favorecen a los equipos con numerosas plantillas que soportan la fatiga de una competencia larga. Todavía como Copa Pilsener, en el penúltimo partido del 2008 el campeón de América se enfrentaba a un Deportivo Quito que se debía un título desde hace cuarenta años. No fue una final de ida y vuelta, pero sí un desenlace entre las dos mayores rivalidades de la capital. Carlos Sevilla le ganó el duelo a Edgardo Bauza, en lo que fue el tercer título de “La Academia”. Subsiguieron dos finales con Emelec, una en el 2010 y otra en el 2015. La una enfrentaría a quienes serían años más tarde entrenadores de la selección de Argentina: Bauza doblegando a Jorge Sampaoli. La otra puso de frente a la experiencia de Omar De Felippe, ex soldado de la guerra de Malvinas, y a Luis Zubeldía, joven, inexperto y pendenciero. De Felippe cosechó su segundo título como entrenador.

En Manta la Liga de Quito debió enterrar el año pasado la ilusión de coser su duodécima estrella nacional en el escudo, la misma que persigue en esta temporada y, de haber final, deberá pelearla con uno de los grandes de Guayaquil, en lo que será sin duda una definición memorable de un clásico nacional que aspira recuperar la atención del aficionado, que durante esta temporada a estado más preocupado de su economía y su salud más que del fútbol, pero “el último baile” tiene su encanto y las finales no se juegan, se ganan.