La guerra declarada entre Emelec y Liga de Quito

Fotografía referencial - Cancha Ecuador.

Por Andrés Luna Montalvo.

Aunque el fútbol ecuatoriano es un cuerpo cuyos miembros funcionan autónomamente persiguiendo sus propios intereses y subsistencia, muchas veces en perjuicio del resto del organismo, cabe decir que también ha sido una organización mojigata en donde conviven frívolamente enemigos acérrimos del campo financiero, político, empresarial y también deportivo. Sin embargo, las formas se han agotado y el fuego cruzado es cada vez menos disimulado.

Que el presidente de la Liga Profesional, Miguel Ángel Loor diga que “no se lleva” con Francisco Egas, presidente (¿?) de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, que “lo ignora” y que prefiere estar con Jaime Estrada porque “él sí trabaja”; puede pasar desapercibido porque ni Loor ni Egas juegan, por ahora, un rol importante en la opinión pública, pero un conflicto entre Nassib Neme y Esteban Paz, mejor dicho, entre Emelec y Liga Deportiva Universitaria, es un caldo de cultivo para el peor de los enfrentamientos, porque son clubes que mueven legiones de aficionados, muchos de ellos irracionales cuando se trata de escrutar a su equipo de fútbol.

“Cínicos e hipócritas de cuarta categoría” dispara Neme contra Paz por el caso Chila-Cheme, argumentando que los dirigentes de Liga de Quito siguieron poniendo al futbolista en la cancha pese a que ya conocían que había adulterado su identidad. “Mitómano carente de ética” contragolpea Paz, en un comunicado público de su club en donde además invita a la opinión pública a juzgar “la honestidad, la honorabilidad y la hombría de bien”, llevando el conflicto al plano genital.

Los hinchas defienden a su presidente, el que los ha hecho ganar “n” títulos en los últimos años y ha manejado el mejor momento en la historia de su club. Los periodistas meten las manos al fuego por su dirigente, el que les da las entrevistas, el que escribe por WhatsApp las exclusivas o básicamente el que les permite tener audiencia y lectores, pues blancos y azules suman algo más del 40% de la preferencia de aficionados a nivel nacional. También están los medios de comunicación, los de la costa y los de la sierra, cada quien con su versión favorita del conflicto: azules ingresarán más a sus sitios web desde Guayas y blancos lo harán desde Pichincha.

Lo cierto es que esta guerra declarada, de artillería pesada, irá desempolvando lo que no se supo a su tiempo, o lo que se supo y se ocultó. Seguiremos atentos a nuevas emboscadas o desembarques, porque en estas semanas cada bando ha mostrado los tanques mediáticos y los bombarderos “influencers” con los que cuenta. ¿Los tuiteros?, prestos a enfilarse en la primera línea, a defender cualquier causa, por contradictoria que parezca, con tal de que lleve el escudo de su equipo. ¿El aficionado?, expectante, desencantado, los más sensibles asqueados, porque parece que la “organización criminal”, como denominó el Fifa Gate a la industria del fútbol, sigue vivita y coleando.