LA CULTURA Y EL INFORME A LA NACIÓN DEL GOBIERNO DE LENÍN MORENO

Por Pablo Salgado J.

Es patético que en el Informe a la nación, el presidente Lenin Moreno no haya siquiera mencionado a la cultura o a los patrimonios. Pero también es muy decidor. Es la evidencia, clara y precisa, de la poca o nula importancia que en su gobierno ha tenido la cultura. Y peor los patrimonios. Es también muy simbólico que su Ministro de Cultura, esté para amenizar los actos, tal cual el presidente ha hecho siempre en sus cenas y reuniones sociales.  La música en el intermedio; los cantantes convertidos en divertimento para alegrar el solemne acto. La música como un hecho decorativo y, por tanto, prescindible.

En el Informe a la nación del año anterior, el presidente Moreno dedicó 30 segundos a mencionar tres temas de cultura: la apertura del Museo Nacional, la Feria del libro y el Festival de artes vivas de Loja. Al menos los mencionó.  Pero claro, no dijo que se reabrió el MUNA con los recursos del fondo BID, que se contrató en el gobierno anterior, al igual que el Festival de Loja.  En este año, ni eso. Aunque a lo mejor el presidente tiene razón; no hay nada relevante en la gestión de la cultura que sea digno de, al menos, mencionarse.

Este año, el 2019-2020, debe ser para la cultura el peor de la historia. Una crisis económica que precarizó, como nunca, el sector cultural. Y que con la pandemia y la emergencia sanitaria esa precariedad se ha profundizado a niveles dramáticos.

La gestión en el campo de la cultura, es absolutamente deficitaria. El gobierno, el Ministerio de cultura, como Ente rector del Sistema nacional de cultura, nos quedan debiendo. Hay un signo que ha marcado la gestión cultural en estos tres últimos años; los permanentes recortes a los presupuestos de las entidades de cultura, lo que ha generado que los servicios culturales sean cada vez más deficientes y los presupuestos de inversión de las instituciones culturales se hayan reducido al mínimo.

La gestión del ministro Juan Fernando Velasco se ha caracterizado por el incumplimiento a su propia promesa de posesión; “cumpliré la Ley de cultura, cueste lo que cueste.” Y éste es quizá el hecho más relevante de su gestión: el permanente incumplimiento a los mandatos de la Ley, que tuvieron su punto culminante cuando, mediante decreto ejecutivo 1039,  del 8 de mayo, se fusionó el Instituto de fomento, innovación y creatividades, IFAIC, y el Instituto del cine y el audiovisual, ICCA, violando no solo la Ley orgánica de cultura sino la propia Constitución.

En verdad, no hay acciones destacables de beneficio directo para actores y gestores culturales. El Ministro Velasco enarboló el discurso de la economía naranja para dinamizar el sector cultural a través del programa “Ecuador creativo,” con créditos de BanEcuador; O IVA para servicios culturales, y los famosos fondos concursables. Programa que lamentablemente no ha generado ningún impacto en el sector.  Es más, el Ministro prometió, en plena crisis económica, aumentar el PIB de cultura de 1.8% al 3%.  El resultado, como todos lo sabemos y lo vivimos, es la economía nacional en ruinas, pues el año 2019 el país decreció en 0.5%. En el presente año, con la emergencia sanitaria el Ecuador será uno de los países más afectados y decrecerá en, al menos, un 9%, lo que generará los peores niveles de desempleo y pobreza de los últimos 50 años.

Pero, como si esto fuera poco, el Ministerio de finanzas expidió una resolución que restringe al sector público realizar contrataciones y adquisición de bienes y servicios culturales, agudizando aún mas la precariedad en el sector.

Ya hemos mencionado el ineficiente desempeño del IFAIC, en donde se encuentran –o se encontraban- los fondos concursables y el Fondo nacional de cultura. Todavía centenares de gestores culturales se encuentran impagos. Sin embargo, todos los sectores y gremios culturales han  defendido su institucionalidad y rechazado su fusión, no solo por ilegal e inconstitucional, sino porque  borra, de un solo tajo, la memoria de más de 40 años de luchas y conquistas del sector audiovisual y termina, unilateralmente, con el acuerdo social y cultural, fruto de un intenso y largo proceso de negociación.

La mayor inversión para el sector no vino del Ministerio o de la Casa de la Cultura (que vive en permanente precariedad) sino de la Presidencia de la República y su dirección cultural. El programa “Arte para todos”, tiene un presupuesto de 28 millones de dólares para 4 años; el primer año –2 millones 800 mil dólares- se ejecutó a través de la Casa de la Cultura y sus núcleos. Un programa concebido con esa mirada asistencialista y clientelar, y que también ha contribuido a precarizar el sector cultural. La Casa de la Cultura feliz,  sobre todo los núcleos, porque les queda los equipos de sonido, luego de desmontar las tarimas.

También es lamentable lo sucedido, en este último año, con el Plan nacional del promoción del  libro y la lectura, que se encuentra en una vergonzosa acefalía y no ha cumplido ni de lejos los objetivos para el que fue creado. Este Plan debía ser el programa emblema de la cultura nacional y se convirtió en el mayor fracaso.

Durante este periodo de tres años de gobierno, no se  ha terminado de conformar, peor consolidar, la institucionalidad del Sistema nacional de cultura. Y quizá este sea el principal problema y el motivo por el cual incluso, ciertos sectores, han llegado a proponer la desaparición del Ministerio. La no aplicación de la Ley ha determinado que se dupliquen tareas y funciones.  Al no estar constituido plenamente el Sistema Nacional de Cultura y no existir políticas públicas, la Casa de la Cultura Ecuatoriana –la mayor institución de cultura del país- funciona por cuenta propia sin ninguna articulación. Además, la creación de una Dirección de cultura en la presidencia de la República, con más presupuesto que el propio Ministerio, ha enturbiado aún más el funcionamiento del Sistema, por lo cual es necesario corregir esta deformación.

Ahora bien, es preciso entender el contexto en el cual el gobierno está implementando el proyecto neoliberal en toda su gestión, de ahí que no debe extrañarnos que también pretenda implementar esa línea en el campo de la cultura.  Debe ser por esto también que ahora surjan voces para reformar la Ley orgánica de cultura. Pero, ¿cuál es el afán, y el apuro, para reformar la Ley? ¿Acaso nos quieren, como ya ha sucedido con otros sectores, volver al pasado, desmantelando todo lo público? O ¿acaso quieren volver a asignar directamente los presupuestos, y así devolver favores?. ¿Es volver al uso instrumental de la cultura y afectar el ejercicio de los derechos culturales? O ¿acaso quieren botar por la borda todo lo conseguido en los últimos 20 años? ¿Quiénes son los que están haciendo lobby para esta reforma a la Ley? ¿De dónde viene el repentino interés, por ejemplo, de la asambleísta Gabriela Larreátegui en  reformar la Ley de forma inmediata?.  Preguntas que merecen respuestas.

Esto, obviamente, no quiere decir que no sea necesario corregir errores en el Sitema de cultura. Hay que hacerlo, ciertamente. Y, sobre todo, hay que escuchar a los actores culturales.  Lo que si es urgente y necesario, sin duda, es reformar el Reglamento a la Ley. Este reglamento es torpe, contradice la Ley y es inaplicable.

Por todo esto, queda claro que es momento de exigir el cumplimiento y aplicación de la Ley.  No es momento de desmantelar las instituciones culturales. Estoy seguro que si implementamos los mandatos de la Ley, tendremos un sector mejor organizado, articulado y con funciones y responsabilidades claras y específicas; con redes y tejidos nacionales; con acceso transparente y democrático a los recursos; con circuitos de circulación y distribución de bienes y servicios culturales. No es una Ley perfecta (ya llegará el momento de mejorarla), pero es ya tiempo de empezar a cumplir sus mandatos.

Y es en esa misma línea que debemos entender, por ejemplo, lo que acaba de suceder con la Universidad de las Artes; repentina y sorpresivamente fueron despedidos el Rector y los integrantes de la Junta Gestora.  Y reemplazados por personas cercanas al Vicepresidente de la República y al Ministro de cultura. Los profesores de la UArtes han sido claros: “El gobierno debe elaborar un plan de fortalecimiento de la educación pública, que abarque la diversidad cultural, que nos constituye, que no se rinda a palabras como competitividad  sino que se dedique a la formación integral del ser humano, tal como está consagrado en la Constitución.”

En buena hora, todos sabemos que la cultura no está en el Ministerio ni en ninguna dependencia pública; está en las calles, en las plazas, en los centros y espacios culturales, en los talleres de miles de creadores; está en los sueños, en las mentes y en los corazones de todos los artistas y creadores. Nuestras expresiones artísticas –como decíamos en los noventas- seguirán vivas, a pesar de los gobiernos de turno.

Consultamos con varios gestores, artistas y creadores de varias ciudades del país y les pedimos su opinión sobre la gestión en la cultura del gobierno de Lenín Moreno y del Ministerio de Cultura y patrimonio.  He aquí sus opiniones:

 

Eduardo Puente, bibliotecario y experto en temas del libro y la lectura

Sin temor a equivocarme podemos afirmar que la gran mayoría de los artistas y gestores culturales consideramos que, en materia cultural, así como en muchos otros ámbitos de la política pública, el gobierno nos queda debiendo y largo. Y no es solo un problema de omisión de gestión, sino que deshizo lo poco que habíamos avanzado. Y lo digo porque  omitió, por ejemplo, cumplir con las disposiciones  de la Ley de cultura; no tenemos la Red de bibliotecas, no tenemos la Red de archivos. Acostumbrados a los vaivenes de los ministros que llegan y se van sin pena ni gloria, resulta evidente que la ausencia de políticas culturales, las instituciones  que forman parte del Sistema nacional de cultura, realizan una gestión burocrática, inercial y  reactiva que no vislumbra un horizonte hacia el cual dirigirse.

Hay un  Plan nacional de lectura que nunca terminó de arrancar, mas allá de ciertas iniciativas surgidas  de los mediadores de lectura.  Y se encuentra desde hace varios meses acéfala. Se ha querido posicionar la denominada economía naranja con el pretexto de  impulsar las industrias culturales, y se nos quiere vender la idea de la competitividad y el marketing, lo cual refleja sin  duda una posición política. La riqueza de abordar lo cultural  está en que las expresiones culturales no son  solo bienes, productos y mercancías, sino fundamentalmente  procesos, interacciones permanentes que se producen continua y situacionalmente.  Al minimizar el rol del ministerio, el gobierno esta mandando un mensaje muy claro: la cultura no le interesa. Los ministros se han convertido en funcionarios de tercera, que deben mendigar recursos en el ministerio de finanzas, y que como gran logro muestran las dádivas entregadas desde el poder en estos tiempos de pandemia.

Lucrecia Maldonado, escritora quiteña; ha publicado relatos y novelas.   

La gestión cultural la hemos vivido igual que en otras áreas; así como en la educación, como en la infraestructura vial, etc.,  la cultura no forma parte de las prioridades del gobierno; y se han llevado por delante cualquier cosa que no sea prioritaria, entre ellas la cultura.

El Ministro de cultura solo se preocupa del gremio dentro de su gremio. Hemos visto como se auto-promociona, tuiteando sus videos, y como se privilegia a sus colegas cuando los artistas necesitan apoyo, como en la cuarentena.

La cultura, lamentablemente, y mas en momentos de  crisis, suele ser la pariente pobre y la cenicienta; sin tomar en cuenta lo importante que es en el contexto de la vida y de las personas. Es una asignatura pendiente, se la trata con desprecio, sin presupuestos suficientes y que si no estuviera ahí, sería mejor.

Ernesto Carrión, escritor guayaquileño, ganador de varios premios nacionales e

internacionales.

Me parece  que  el Ministerio de Cultura terminó adoleciendo de lo mismo que muchas instituciones quiteñas desde los ochentas, que han servido solo para alimentar a una masa burocrática y, en muchos casos, una sociedad regionalista acostumbrada a mirar sobre el hombro a  las regiones alejadas de su centro de poder. Por ejemplo, no existe mas feria del libro que la que se hace en Quito, o que el gran porcentaje de los fondos concursables, de autores y editoriales, se  quedan en la capital, de modo insólito y hasta descarado, dentro del puro lobby de un plan literario acostumbrado a un juego de elogios y espejos.  El fracasado Plan de lectura no ha dejado  ni una sola colección de libros distribuidos masivamente y que terminó  empleado fondos en un inaudita asesoría colombiana  y reeditando una colección de sellos editoriales que respondían a los intereses de otro clan. Entonces es un despropósito hacer país y hacer cultura cuando lo que impera es triunfar en una banda de amigos, y no se entiende que con estas acciones solo se perjudica al arte que aún no ha empezado a nacer.

Diego Coral, actor y director de teatro y cine. Director de Cinemateca nacional.   

Se podría resumir desgraciadamente que ha sido una gestión limitada, desarticulada y falto de voluntad. Desde la misma Ley de cultura y su relación contradictoria con el reglamento, que no está resuelto. Y la falta de ejecución de la ley, a pesar de que fue una promesa del actual ministro.

Desde la llegada del ministro actual, tenemos una mirada corporativista de la cultura, si bien es cierto pudo tener buenas intenciones, como la exoneración de impuestos, en la práctica no se llegó a percibir algún tipo de acción como política pública. Y se resume, en asistencialismo en medio de la crisis, promesas sin cumplir, patrimonio olvidado, no solo en las reservas en el Aranjuez o la sostenibilidad del MUNA, sino en el mayor patrimonio del sector, la gente, que está desprotegida. Muchas palabras y poco corazón.

Igor Icaza, músico y rockero de Latacunga. Integrante de Sal y Mileto.

La gestión ha sido paupérrima, la falta de conocimiento de los problemas de la cultura es profundamente indignante. Es triste comprobar ese desconocimiento del valor de la cultura de los pueblos; se mantiene esa visión pobre, que la cultura es un sainete para entretener, y no la representación de lo mas fino; de las tradiciones de nuestros antepasados. Alguna especie de esperanza tuvimos al pensar que  un  artista ocupe semejante cargo, pero lamentablemente no se dio y fue lo contrario. Sabemos que el ministro vive en una burbuja; en lugar de abrir las puertas del ministerio, mas bien se ha encerrado e indigna la actitud arrogante con que se maneja. Somos testigos que el puesto le quedó grande y no tiene excusas para justificar lo inútil de su paso por dicho cargo publico. El mismo gobierno irrumpe, recorta y fusiona instituciones.  Y pienso que ahora que la pandemia nos obliga a la reflexión, y se ha visto al arte como pilar de nuestra identidad y como herramienta y terapia para soportar el aislamiento, lastimosamente en las autoridades solo vemos mediocridad, en sus declaraciones y en sus actos. Serán recordados por su arrogancia e inoperancia en el sector cultural del país.

Iraíz Oviedo, cantante quiteña.

Estos tres años del gobierno de Lenin Moreno, se sostiene por la lógica de los grandes poderes económicos en complicidad de los medios de comunicación, juntos han bastardeado la cultura popular, folclorizándola cuando han sido necesario y si no destruyéndola en el imaginario, anulando los relatos de resistencia. Ya que los arquetipos del mercado no encajan con nuestra realidad diversa y compleja, han buscado disfrazarlo a su antojo nada mas que con fines utilitarios.  No hay resumen mas claro de esa lógica que el propio Ministro de cultura, que en entrevistas ha demostrado su ignorancia sobre temas de cultura, un desconocimiento de las necesidades de los distintos sectores y no tiene conexión con la historia. El informe a la nación nos dejó en claro la forma y el modelo de autoridades que caracterizan a este gobierno; servilismo a los grandes capitales y cómplice de las mentiras que nos quieren hacer creer.

Gabriela Montalvo, economista, especialista en economía de la cultura.

No puedo denominar como política pública al conjunto de acciones y medidas que este gobierno ha tenido para el campo de la cultura, sino mas bien una serie de contradicciones; hemos visto que todo el sector de la memoria social se encuentra en un lamentable y doloroso olvido; no hemos tenido noticias de los repositorios de la memoria, no sabemos en que estado está la concreción de la Biblioteca nacional ni en que condiciones están los bienes del edificio Aranjuez.

Y con respecto al fomento, a la creación, a las artes y las industrias culturales, a pesar que el Ministro Velasco empezó con un discurso muy fuerte, incluso se abanderó de la economía naranja, vimos que si bien al inicio se dio paso a varias medidas ya previstas en la Ley de cultura, en términos de industria, no hemos tenido acciones después de eso. Y mas bien se vio opacada por la visión asistencialista del programa “Arte para todos,” de la presidencia, que fue avalado por el ministerio y que es además elitista, clasista y que termina elevando a la acción pública la precarización del trabajo en el arte. Esta visión asistencialista no ha logrado superarse en la crisis sanitaria, y no se logra ubicar a la cultura como una prioridad en las decisiones del gobierno. Esto es clarísimo con los recortes presupuestario, de personal y la fusión de las instituciones.

Hernán Reyes, comunicador y docente universitario en áreas de cultura

Hacer una evaluación de la gestión es bastante complicado porque casi no hay nada de que hablar. Con la incorporación de Juan Fernando Velasco, ésta secretaría de estado quedó en acefalía, no tuvo la competencia para manejar un ministerio sino que su mirada es absolutamente accesoria. Y para ello, basta ver como en el informe a la nación, la cultura fue un ornamento; el ministro apareció entre los cantantes con un tema de intermedio musical, para darle emotividad a un informe soso, plano y lleno de datos falsos. Las últimas medidas son deplorables, la fusión del IFAIC implica una cortedad de visión, y la respuesta a la emergencia con bonos de 60 dólares son mas bien un insulto y una burla. No encuentro una sola buena noticia, la cultura es una de las aéreas ausentes y se ha destruido toda intención de generar políticas públicas y colocar a la cultura como uno de los cimientos de la nacionalidad, la identidad y el  desarrollo del país como sociedad y comunidad.

Nelson Ullauri, gestor cultural y miembro de la Red de cultura comunitaria

Diría simplemente que la emergencia desnuda totalmente el enfoque, los principios y la caracterización del actual gobierno y desnuda también la ineficacia de la gestión cultural. Y lo digo porque no ha habido generación de políticas culturales que den sustento a lo que determina la Ley de cultura. Solo el hecho de implementar la ley hubiera sido un gran hito, y así el gobierno hubiera estado debilitado y deformado, la gestión de la cultura hubiera estado bien situada. Pero la negligencia de todos quienes pasaron por el ministerio y no tener presente a la Ley, determina que no encontremos hitos en la gestión.

Solo diría que el ente rector se dedicó a seguir la misma historia de las anteriores administraciones. Los enfoques y principios de la Casa de la Cultura se trasladaron al ministerio, y además entra en competencia con la presidencia, cuando  ésta se convierte en gestor cultural.

Joaquín Serrano, artista visual y ex miembro del Consejo ciudadano de cultura.

Fui coordinador del Consejo ciudadano para la cultura; enviamos al ministro Velasco varios oficios y nunca tuvimos respuesta; lo eliminaron a pesar de que es un organismo que está en la Ley de  cultura.

Hicimos propuestas para el seguro social de los artistas, para los créditos y los fondos concursables, y no nos tomaron en cuenta. Queríamos un seguro social, específico para los artistas, tal como el seguro campesino, pero no se hizo.  En el caso de los fondos concursables se ha conformado una pequeña mafia, y siempre salen los mismos, por ello pedimos cambios, y pedimos que no sean un premio sino recursos para trabajar.

Mario Maldonado, músico, compositor, gestor cultural y defensor de patrimonio. Vive en Santa Elena.

Realmente nos deja un sabor mucho mas que amargo: estos tres años están cargados de centralismo y las provincias están totalmente invisibilizadas. No se puede hacer nada, ningún proyecto, ni siquiera propiciar alguna idea nueva. Las provincias no existen para ese centralismo. Hay un incumplimiento total de lo ofrecido en la Ley orgánica. Son solo ofrecimientos demagógicas, como la economía naranja. Incluso en la pandemia solo han sido ofrecimientos, con ganas de mostrarse y no como un aporte efectivo. Se ha abandonado la causa patrimonial, el Ministro no ha dicho nada, por ejemplo, del asalto que se está haciendo al tren patrimonial o de Ciudad Alfaro.

Pablo Rodríguez, gestor y periodista cultural 

Luego de tres años y con tristeza debo decir que no hemos avanzado; el gobierno no ha encontrado una guía por la cual proyectarse. Y además para quienes formamos parte del sector cultural,  cuando se ha querido apoyar, el propio estado se ha encargado de impedirlo, como es el caso de SACIN, una entidad de músicos para beneficio de los músicos.  Esto demuestra la escasa voluntad política de este gobierno. No podemos ejercer cultura si no tenemos una vía para hacerlo, en este tema el gobierno tiene una enorme deuda. En el uso del espacio público no hemos avanzado nada, a pesar de que la Constitución garantiza su acceso. Estamos dándonos tumbos, sin el mas mínimo espacio para una mejoría. Es doloroso y triste, no podemos hacer cultura para el país,

También siento que este desdén y desprecio a la cultura, se ha visto en el público, cuando nos dicen que los artistas no tienen derecho a cobrar por su trabajo. Lamentablemente el estado no ha estado a la altura y no tiene capacidad para realizar cambio estructural y, tampoco, se deja ayudar.