La amenaza de las sociedades anónimas

Foto referencial / El Comercio.

Andrés Luna Montalvo.

El mal momento económico que arrastra desde hace varios años el fútbol del Ecuador, ha despertado una serie de propuestas que comienzan en la vieja figura del “mecenas”, hasta la conformación de empresas privadas bajo el paraguas de clubes como sociedades anónimas. Por demás está aclarar que el deporte del país necesita cambios profundos y afortunadamente los primeros iniciaron desde el año pasado, cuando varios de los mandamases de la Federación Ecuatoriana de Fútbol cayeron por su propio peso de los puestos directivos.

En una organización como la LigaPro, donde se habla más de negocios que de otras necesidades o demandas sociales que rodean al fútbol, la figura de las sociedades anónimas es presentada como el modelo a seguir, la dirección a tomar. Ezequiel Naruk es tesorero del Club Atlético Lanús, un club deportivo de Argentina que durante 105 años ha sido un pilar fundamental para el desarrollo social de su ciudad; la posición de este club, que el próximo miércoles disputará el partido de vuelta por la Copa Sudamericana ante Universidad Católica de Quito, es la de oponerse radicalmente a este modelo de administración privada de los clubes deportivos.

“Lanús, como muchos otros clubes en Argentina, es un club social, tenemos una fundación y apoyamos a niños y jóvenes de la ciudad fomentando alrededor de 70 disciplinas deportivas”, le contó Naruk en entrevista desde Argentina a Radio Pichincha Universal, al tiempo que argumenta que ninguna actividad social podría llevarse a cabo si los clubes tendrían como única misión el volverse sociedades con fines de lucro; “somos un club que ha encabezado la oposición a las sociedades anónimas”. Lanús lleva una ventaja de tres a cero en la serie contra Universidad Católica, club quiteño cuya principal fuente de financiamiento proviene del grupo bancario Pichincha, a quien en la práctica le pertenece la institución.

Mientras se hable de la conveniencia de convertir los clubes en empresas y Miguel Ángel Loor, el presidente de la LigaPro mantenga una agenda que apunte a aquello, será también conveniente hablar sobre la función social del deporte, la responsabilidad con las ciudades, los barrios y los hinchas. Lo poderoso que es un club y las potencialidades que estas marcas tienen para cambiarle la vida a las personas. El fútbol es un negocio, pero no es solo eso, y mientras no descubramos toda la deuda social que tiene este deporte con el país, los torneos y los estadios seguirán siendo indiferentes al grueso de la población, la misma que no recibe nada de estas organizaciones.