Guayasamín, el Dakar y la conquista de Arabia Saudita

Por: Andrés Luna Montalvo.

Sebastián Guayasamín viajó el pasado viernes 25 de diciembre hasta Arabia Saudita, donde el 03 de enero inicia su séptimo Rally Dakar; “es algo que debo replantearme, tengo dos hijas que ya están grandes, antes no se daban cuenta que papá se iba por tanto tiempo y menos en estas fechas. No quiere decir que no quiera volver al Dakar, pero sería saltando un año, no me quedan muchos más”. Y es que la vida del deportista tiene estos sacrificios que son imperceptibles para los aficionados, pero las cenas navideñas o de año nuevo aspiramos tener siempre a la familia completa.

Guayasamín va por su segunda aventura por Arabia, la segunda vez que el famosísimo Dakar se celebra en ese país luego de que mudara sus pistas por once años hasta Sudamérica, huyendo de los conflictos socio-políticos de Europa y el norte de África relacionados con el terrorismo. “Es inútil comparar las rutas que corrimos en Paraguay, Bolivia, Argentina, Chile o Perú con lo que encuentras en Arabia, son desiertos completamente diferentes, es como correr en Marte”, le confesó Guayasamín a Pichincha Universal, con la emoción de ser el único ecuatoriano inscrito en la carrera; “no hay más representación en la grilla de partida de Ecuador, solo somos mi hermana, que me ayuda con las redes sociales, y yo, los únicos ecuatorianitos en Arabia Saudita”.

Pero el Rally Dakar ha tenido tres compatriotas a lo largo de sus cuarenta y dos ediciones corridas desde 1979. El primero fue Wilson Malo, cuencano que compitió en la categoría motos en el 2012. Un problema mecánico, propio de estos lances, lo obligó a retirarse. También en motos, el quiteño Juan José Puga terminó en el puesto 42 de un total de 137 competidores que partieron en 2019, una verdadera gesta. Guayasamín es el que más experiencia ha acumulado, esta es su séptima participación y va con un nuevo equipo, nuevo vehículo, nuevo navegante y en otra categoría que es más equitativa, “la T4 admite vehículos ligeros con un máximo de potencia, un mínimo de peso y esta categoría sí te permite soñar”.

En medio de los rugidos de la final del campeonato nacional de fútbol, Guayasamín viajó en silencio, aspirando que, en las primeras semanas de enero, marcadas año tras año por la trascendencia del Dakar, su participación cobre la relevancia que tiene. “Se trata del evento más importante del mundo del rally, somos 400 competidores y 2500 personas que intentamos ingresar por vuelos chárter hasta Arabia”; toda la logística se vino al piso por las nuevas restricciones del Covid-19 y llegar a la sede del Dakar es una auténtica odisea, “se armó un desastre”, confiesa el propio piloto. Guayasamín celebra que la sociedad ecuatoriana ha dado un giro significativo al reconocer a nuevos deportistas y nuevas disciplinas lejos de las tradicionales, “me motiva lo que ha hecho Richard Carapaz o el mismo Chito Vera con deportes que antes no tenían tanta pantalla, este año aspiro pelear, no me vengo tranquilo si no estoy entre los 10 primeros”.

Los aficionados al deporte nos acostumbramos a seguir a un ecuatoriano en el mejor Rally del planeta, y más aún cuando Guayasamín no acude, como en sus primeros años, “donde hacía de hombre orquesta; ahora voy enfocado como piloto, solo me ocupo de mi traje, mi casco y mi licencia”, aunque su equipaje no sea tan ligero como lo menciona, “en realidad ahora soy el embajador turístico del Ecuador y me han encargado como 40 sombreros que tengo que llevar para regalar”, porque Guayasamín se lleva un pedazo del país a esta nueva aventura.