Ernesto Guerra, prócer del fútbol pichinchano

Desde su casa, “El Trompudo” sigue dando cátedras de historia del deporte ecuatoriano.

Deportes.- A puertas de la conmemoración de la Batalla de Pichincha, conversamos con Ernesto Guerra Galarza, la leyenda viva más importante del balompié del país. “Los inicios del fútbol en Pichincha fueron hermosos, la esencia de lo amateur, hacíamos cuota para comprar las camisetas, pantalonetas y medias, los zapatos eran, eso sí, de cada uno”, recuerda “El Trompudo”, multicampeón nacional como jugador y como director técnico.

El fútbol de la provincia se concentraba en el Estadio El Arbolito, “en la tribuna estaban los de Liga, al frente los del Deportivo Quito, a un lado el Politécnico y al otro el Aucas”, reseña, pues el viejo estadio, demolido para la construcción del parque del mismo nombre y la majestuosa Casa de la Cultura, dio paso a la mudanza al flamante Olímpico Atahualpa de 1951. “No había cariño al principio por el Atahualpa, era un gigante de cemento y no tenía los camerinos que nos gustaba en El Arbolito. Era muy lejano a las gradas y no se sentía el calor del hincha, hasta que por fin se llenó”.

Guerra tiene 85 años y como si fuera ayer recuerda un clásico del astillero que le tocó disputar defendiendo la camiseta del Barcelona de Guayaquil. “Cuando me llevaron como refuerzo a Guayaquil pocos me dieron la mano, pero del clásico que jugamos en el Estadio Capwell salí en hombros hasta la sede del Barcelona; ‘Ernesto Guerra rompió el puritanismo criollo de Guayaquil’, escribía Diario El Universo al siguiente día; cuando marqué, salí gritando ‘goooool de Pichincha’”, se emociona.