El legado del fútbol pichinchano

Por Andrés Luna Montalvo 

En noviembre de 1956 se fundó la Asociación de Fútbol No Amateur de Pichincha (AFNA), en un salto cualitativo para el progreso del deporte de la provincia. El amateurismo, que le había otorgado épocas gloriosas al balompié y sobre todo había introducido el gusto y el interés por el fútbol, debía ceder ante las corrientes comerciales que encontraban en esta disciplina un nuevo nicho de negocio.

El viejo estadio El Arbolito había dado paso en 1951 a la ocupación del Olímpico Atahualpa, muy al norte de Quito, colindando con el hipódromo La Carolina, y al que se podía llegar tomando la flamante y desolada Avenida de Los Estadios, que años más tarde la bautizamos como Naciones Unidas. El “Coloso de El Batán” es el principal escenario deportivo del país, reducto histórico de la Selección Nacional de Fútbol que, si bien ha ido rezagándose en funcionalidad con el paso del tiempo ante arquitecturas modernas como el estadio Monumental del Barcelona, la Casa Blanca o el George Capwell, sigue siendo una pieza de museo detenida en el tiempo en pleno centro comercial y bancario de Quito.

Desde el Olímpico Atahualpa y en 1997 el Estadio de Liga Deportiva Universitaria, se han forjado 29 títulos nacionales y 5 internacionales. El Nacional, fundado como Mariscal Sucre en homenaje al Gran Mariscal de Ayacucho, suma 13 estrellas locales, seguido de cerca por Liga de Quito con 11 y Deportivo Quito con 5. Pero ante esta provincia también se han rendido los principales certámenes del continente, cuando la Copa Libertadores de América decidió alojarse en 2008 en las vitrinas de Liga Deportiva Universitaria, la Copa Sudamericana en 2009 y 2019 en los escudos también de “los Albos” y el Independiente del Valle respectivamente, lo mismo que dos Recopas, 2009 y 2010, presumidas con honor por el equipo de la Universidad Central del Ecuador.

Históricamente Pichincha es la provincia que más equipos aporta a la primera división del fútbol profesional, llegando en un mismo año a tener a la mitad de los competidores. El futuro, aunque por ahora no sea fácil reconocerlo, parece ser alentador. Proyectos de nuevos estadios están en la agenda tanto de clubes como de gobiernos locales, las finales de los torneos internacionales aterrizarán más temprano que tarde en nuestra sede y qué decir del talento de los futbolistas, quienes a la expectativa de un marco legal que permita la inversión y la generación de ganancias en el fútbol, estarían a las puertas de administraciones responsables que respondan por la gestión deportiva y se hagan cargo de sus acertadas o equivocadas decisiones.

La conmemoración de los 198 años de la Batalla de Pichincha, es motivo para detenernos a reflexionar sobre los progresos del deporte de la provincia, es por eso que hoy, en medio de la angustia, la pobreza, la enfermedad y el desempleo, hemos querido mirarnos hacia adentro a través del deporte más importante del país, ese que nos ha brindado las más sonoras alegrías, aquellas que pronto regresarán nuevamente a nuestros rostros y nuestras almas.