El fútbol y la estafa de la pandemia

/ Imagen referencial.

Por: Jhonah Díaz González.

El fútbol está furioso. Perdió parte de su esencia y anda mutilado a ras de pasto, aunque su corazón palpita después de luchar por la supervivencia, con miles de expertos pendientes a su estado de salud.

Sin cánticos en las tribunas y con apenas el murmullo de los sonidos de los pases, el ‘más universal de los deportes’ vivió un sábado épico: retornó a las canchas de Alemania, una de las principales plazas del mundo, tras varias semanas de impasse a causa del coronavirus SARS-Cov-2.

La Bundesliga oprimió el botón de reinicio y marcó un gol importante en aras de otorgarle aliento a una disciplina obligada a cercenar su efecto debido a una plaga que, en los estadios, dejará por un tiempo a especies de autómatas, disfrazados con huesos y piel, cargados de sentimientos.

Ese primer paso tuvo lugar en el Signal Iduna Park. El duelo Borussia Dortmund-Schalke 04, conocido como el derbi de la cuenca del Rühr, devino en sugerente plato para catar un fútbol sin condimento: gradas completamente vacías y estrictas medidas sanitarias para jugadores, personal técnico de los equipos y de la televisión.
Tras el pitazo inicial -este más estruendoso que de costumbre-, el regocijo tocó niveles insospechados, al hacerse realidad el sueño de la reanudación y cumplirse el reto de minimizar los efectos de la Covid-19, pero el júbilo quedó opacado desde el minuto 29 del primer periodo.

Erling Haaland, una estrella en ascenso, inauguró la pizarra para poner el 1-0 en uno de los clásicos más calientes de la nación europea. El noruego movió las redes y solo atinó a correr, en solitario, hasta que frenó en seco e inició una especie de coreografía, mientras sus compañeros, a metros de distancia, regalaron cómplices sonrisas.

Haaland alcanzó un nuevo mérito personal: quedará en los libros como el autor del primer gol a distancia en la era post-Covid-19, un récord sin abrazos, sin gritos eufóricos, sin los aplausos y el apoyo de la hinchada.

Justo después de ese minuto 29, algo entendimos: la pandemia, además de valiosas vidas humanas, nos quitó momentáneamente las sucesiones de imágenes más bellas en el balompié, o en el deporte, en un sentido más general.
Alemania está lejos de tener culpa en el asunto. Incluso, el éxito o el fracaso de su intento de concluir la lid podrían determinar los planes de otros países, como España o Italia, que anhelan imitar a la Bundesliga, luego de las ‘rajadas’ de Francia, Países Bajos y Bélgica.

Sesenta (angustiosos) días debimos esperar para volver a observar algo parecido al fútbol, y tras la goleada de 4-0, los ganadores del Dortmund caminaron hasta cerca del graderío y aplaudieron, para repetir ese ritual de agradecer a los aficionados.

En ese instante, Haaland, Julian Brandt, Achraf Hakimi y el resto de la nómina, sin roces ni saludos entre ellos, reconocieron al ‘muro amarillo’ que siempre los vitorea y esta vez estuvo ausente.

No hay show en este espectáculo: el fútbol pierde su virtud cuando carece de la pasión y el furor de las multitudes.