El destino de la dolarización reflejado en la Federación Ecuatoriana de Futbol

Por Ezequiel O. Salinas 

¿Por qué el fútbol es importante? Es uno de los principales mecanismos de consolidación de hegemonía de las élites. No es por nada que el ex alcalde, ex ministro y ex banquero Rodrigo Paz es el Presidente Vitalicio de Liga de Quito. No es por nada que el ex alcalde, ex gobernador y (ex?) empresario inmobiliario y pesquero Jaime Nebot es el Presidente Vitalicio de Barcelona de Guayaquil. Hay muchos nombres más: los diputados socialcristianos Galo Roggiero (Barcelona) y Luis Chiriboga (S.D. Quito) en la Presidencia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Omar Quintana, histórico dirigente del Partido Roldosista, fue también histórico dirigente del C.S. Emelec.

Y también hay ejemplos más recientes como el paso de Jorge Yunda, hoy alcalde de Quito, en la Presidencia de El Nacional o el paso de Danny Walker, el amigo-financista-contratista offshore de Lenín Moreno, por el Aucas. Tampoco podemos olvidar a Chevron – enemigo declarado del Estado Ecuatoriano – como el principal auspiciante de un reciente campeonato ecuatoriano de fútbol “Havoline”.

Sin embargo, lo más llamativo es la presencia del sobrino de Fidel Egas, dueño del Banco Pichincha – y también dirigente de la Universidad Católica – Francisco Egas como (ex?) Presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. La lista que le acompañó: Jaime Estrada, empresario pesquero de(l) Manta, Michel Deller, empresario inmobiliario de Quito y dirigente del Independiente del Valle y Carlos Manzur, abogado/árbitro vinculado a las élites empresariales guayaquileñas. Michel Deller también es ahora banquero, pues compró la recientemente privatizada ex sucursal panameña del Banco del Pacífico con Fernando Pozo, quien junto con su hermano Mauricio Pozo, son los históricos alfiles de Fidel Egas, Rodrigo Paz, Abelardo Pachano y otros capitales.

La primera pista yace en la renuncia de Carlos Manzur a la Directiva de la FEF por “fuertes divergencias” “filosóficas” en febrero de 2020. Esta era la primera señal de una divergencia entre las élites agroexportadoras y pesqueras guayaquileñas y el capital financiero y comercial quiteño.

Una segunda pista surge en el debate de la Comisión de Desarrollo Económico presidida por Esteban Albornoz, donde César Rohón, histórico dirigente socialcristiano y empresario de la pesca aboga por el fin de la dolarización como medio para recuperar la competitividad.

Luego vino la decisión del Directorio de la FEF y la ratificación del Congreso de la FEF. Estrada, empresario pesquero, se distancia de Francisco Egas y lo sustituye. El único notable que sale a defender a Egas es Michel Deller. El otro leal es Esteban Paz, que ni si quiera fue a la sesión del Congreso de la FEF.

En una carta de parte de los presidentes de Barcelona, Emelec y El Nacional, acusan a Egas de haber entregado el patrimonio de la FEF – su edificio – al Banco Pichincha, bajo la administración de Francisco Egas.

Todos los sectores cercanos a esos empresarios saben que el Banco puede boicotear a estos grupos empresariales, una situación aún más grave aún en la pandemia. O quizás, el banco retiró el apoyo a esos sectores y como retaliación, sacaron a Egas de la Presidencia.

¿Estamos siendo testigos de una especie de rebelión – o al menos, de una rearticulación – de los capitales exportadores (agrícolas y pesqueros) ante el capital financiero? ¿Estamos siendo testigos de un presagio del destino de la dolarización?