El deporte contra la brutalidad policial

Por: Andrés Luna Montalvo.

Ante el estupor de los seguidores de la más prestigiosa liga de baloncesto del planeta, el quinto partido de los playoffs de la serie entre Milwaukee Bucks ante Orlando Magic fue boicoteado. Los Bucks se negaron a jugar el pasado miércoles 26 de agosto, luego de que tres días antes un ciudadano afroamericano fuera baleado brutalmente con siete disparos por la espalda en Wisconsin, estado al que representan.

Las protestas están prohibidas por contrato en la NBA, pero la unión puede más que la fuerza. Los Magic abandonaron también el coliseo a las 15:56, cuatro minutos antes de la hora programada para el juego: se adherían a la huelga. Horas después, todos los juegos de la NBA fueron boicoteados y hasta las mismas autoridades de la Liga aplaudieron, quizá por la fuerza de las circunstancias, la decisión. “Se necesitarán todas nuestras instituciones para defender nuestros valores”, escribió el propio Barack Obama, aplaudiendo la revuelta.

“Cada vez que veo mi camiseta veo a un hombre negro disparado siete veces”, dijo Jaylen Brown, jugador de los Celtics de Boston, que lleva el número siete en su espalda. “Tenemos miedo de ser negros en Estados Unidos”, completó LeBron James, la estrella de los Lakers de Los Ángeles. Jacob Blake, quien se debate entre la vida y la muerte, volvió a abrir la llaga aun sangrante del crimen contra George Floyd.

La temporada 2020 de la NBA se disputa por completo en Orlando, donde se construyó una burbuja mágica propia de Disney World para continuar con los juegos, mientras Estados Unidos cuenta por miles los muertos del coronavirus. “No deberíamos haber venido”, lamenta George Hill, jugador de los Bucks, quien reconoce que “pusimos el foco de atención en otro punto y no en los verdaderos problemas”.

Tras la NBA, se sumaron a las protestas la Liga Nacional de Béisbol (MLB), la Liga de Baloncesto Femenino (WNBA) y la Liga Mayor de Fútbol (MLS). Los comunicados oficiales repetían el mismo tenor, “la Major League Baseball permanece unida por el cambio en nuestra sociedad y seremos aliados en la lucha para acabar con el racismo y la injusticia”. Más severa fue la estrella del momento en el tenis, Naomi Osaka, quien escribió sentirse “asqueada del genocidio contra los negros a manos de la policía”; decidió no salir a jugar el jueves y suspendió por 24 horas el torneo Premier 5 de Cincinnati.

Quizás Blake pueda sobrevivir, pero difícilmente vuelva a caminar, eso no impidió mantenerlo esposado del tobillo a la cama en el hospital. Lo animó la visita de su padre con la camiseta de los Milwaukee Bucks firmada por los jugadores. “Me están mintiendo si me dicen que no había forma de inmovilizar a ese señor”, defiende LeBron recreando la escena. Al momento de la agresión policial, sus hijos de 3, 5 y 8 años estaban junto a Blake en el auto, vieron los siete tiros que dispararon contra su padre, el mayor iba a una fiesta de cumpleaños ese día.

Toda la burbuja de Florida tiene la causa de Black Lives Matter (las vidas de los negros importan) grabada en cada uno de los rincones del estadio y en los mismos uniformes de la mayoría de atletas que permanecen de rodillas mientras se entona el himno de Estados Unidos. Los juegos se reanudarían tras la conformación de una comisión de “Justicia Social” integrada por deportistas, entrenadores y gobernadores. Donald Trump dijo desconocer lo que sucedía con la NBA, pero aseguró que “sus índices de audiencia han sido muy malos porque creo que la gente está cansada de ellos».

Artículo en memoria de Andrés Padilla (1992-2018)