El atletismo después de Luis Chocho

Por: Andrés Luna Montalvo 

Opinión.- Luis Chocho reconoció alguna vez que prefería entrenar a los mejores estudiantes con las más altas calificaciones, porque un buen alumno entendía de mejor forma los fundamentos de la estrategia deportiva. La preparación técnica para Chocho no era más que la intelectual, y los más altos perfiles del bachillerato serían sus prospectos mejor perfilados.

Así se puso al hombro la formación de Jefferson Pérez, a quien el presidente de la Federación de Atletismo, Jacobo Bucaram, invitó a los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. El sistema de clasificación era distinto al que conocemos ahora, y la decisión de llevar o no a algunos atletas dependía del Comité Olímpico de cada país y de las propias Federaciones. Siendo apenas un juvenil pero habiendo logrado un podio de tercer lugar en el Mundial de su categoría, Pérez fue llevado para familiarizarse con la máxima cita del deporte, conocer los vaivenes de la Villa Olímpica y sobre todo sembrar en él la semilla que debiera florecer cuatro años después en la modalidad de 50 kilómetros Marcha, disciplina que Chocho inauguró a mediados de la década de los setentas en Azuay y que junto a Richard Boroto se encargarían de promover, sin siquiera sospechar que a raíz de esa aventura el país se colgaría las dos únicas medallas olímpicas de su historia.

Luis Chocho falleció este el miércoles 17 de febrero a causa del Covid-19 a la edad de 64 años, 40 de ellos le dedicó al entrenamiento de la Marcha y en su palmarés lucen las conquistas de Joel Villavicencio, Miriam Ramón, Paola Pérez, Claudio Villanueva, Carla Jaramillo y por supuesto de su hijo Andrés, el mejor reflejo de un amor por el atletismo heredado genéticamente. Mundiales, medallas olímpicas, récords en todas las categorías es el legado del humilde profesor de educación física que pasó más tiempo caminando y dando instrucciones en el mítico Parque de la Madre o en el Parque Miraflores, que en su propia casa.

Antes de Luis Chocho hay muy poco que contar, pero después de su silencioso trabajo y sus estruendosas conquistas, están los marchistas, las escuelas de marcha, los nuevos entrenadores, su técnica y su estilo. Chocho, como el maestro Juan Araujo Estévez, reconoció a tiempo que el entrenamiento deportivo en Ecuador no funcionaba si a esa tarea no se le sumaba una gestión propia, es por eso que se convirtió en un emprendedor de la disciplina atlética, alguien que trazó su propio camino, que ganó con perseverancia reconocimientos como la Orden al Mérito del Atletismo Sudamericano, el título de Maestro del Deporte en la Confederación Sudamericana de Atletismo y la misma presidencia de la Asociación de Atletismo de Azuay, desde donde gestionaba sus propios proyectos y los de sus atletas.

El prematuro adiós de Luis Chocho tiñe de luto al deporte en el país, pero también lo reviste de esperanza, al reconocer que enamorados por el atletismo son capaces de ofrendar cada día de su vida a la noble tarea de educar y preparar jóvenes capaces de portar al tricolor nacional, para que flamee una y otra vez en los podios más importantes del planeta.