Egas vs Estrada, breve recuento del conflicto

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Por: Andrés Luna Montalvo.

El 31 de enero de 2019, Francisco Egas y Jaime Estrada levantaban juntos sus manos en el marco de una victoria postergada por 20 años contra lo que se había calificado como el “chiriboguismo”. Luis Chiriboga Acosta, presidente desde 1998 de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, había sido un líder incuestionado por casi la totalidad de los dirigentes de clubes de fútbol, exceptuando sus últimos años, cuando Chiriboga eligió al Estado para hacer negocios y relegó a los grupos económicos con los que había erigido por dos décadas su poder.

Estrada y Egas fueron dos de los pocos opositores que tuvo Chiriboga en su último periodo, puntualmente luego del 2013, cuando la Federación comenzó a vender los derechos de transmisión del campeonato de fútbol y prohibió hacerlo directamente a los clubes. Esta decisión, aplaudida por al menos 18 de los 24 equipos profesionales y el 100% de las asociaciones provinciales, repartía el dinero de las transmisiones a todos los protagonistas del torneo y no solo a quienes podían venderlos por su cuenta, debido a su popularidad o tener un canal propio de televisión.

Terminado el contrato de transmisión con los medios estatales y el FifaGate que le reventó en la cara a Chiriboga, comenzaron a forjarse nuevas alianzas que tomaron el control del torneo nacional, arranchándoselo a una Federación debilitada con un transitorio gobierno de Carlos Villacís, y la creación de nuevos bloques persiguiendo el poder y el dinero del balompié ecuatoriano.

Comenzó la división. No hubo lista de consenso para la primera elección sin Chiriboga; Emelec fue “el grande” que patrocinó una lista y Liga Deportiva Universitaria a la otra; Barcelona, otrora el rector en este tipo de maniobras, hundido en crisis internas y falta de liderazgo, increíblemente era un espectador pasivo en la mesa de negociaciones. Ganó Egas, pero los desacuerdos llegaron pronto, él acusa a sus adversarios de querer evadir deudas y vivir de las dietas de la Federación, sus contradictores lo acusan de adueñarse del organismo, tomar decisiones por su cuenta y gobernar solo, con apenas el apoyo de Liga Deportiva Universitaria e Independiente del Valle.

Al directivo de Universidad Católica no le queda poder en la Federación más que los papeles que lo avalan desde FIFA y CONMEBOL; a Estrada, del Manta, le alcanzan los votos de los clubes y asociaciones, pero no tiene legitimidad por cómo se ha autoproclamado, junto a la mayoría del directorio y un espurio Congreso, como presidente. La salida serán nuevas elecciones, nuevos acuerdos, más política, regateo y repartición, conscientes de que los órganos reguladores del fútbol ecuatoriano son como un costal llego de gatos con uñas afiladas.