Deporte y coronavirus

Andrés Luna Montalvo

La pandemia mundial declarada por la Organización Mundial de la Salud nos ha
obligado a repensar nuestra propia existencia y enfrentarnos a escenarios
completamente desconocidos para varios países de la región. Las epidemias podíamos
mirarlas por televisión al finalizar los noticieros, en los 30 segundos dedicados a la
información internacional, donde en 2014 nos contaban que en África aislaron a Liberia,
Sierra Leona, Guinea y Nigeria por los brotes incontrolables de Ébola, un virus cuya
letalidad llegaba al 90%, es decir, 9 de cada 10 enfermos de Ébola morían.

Pero África quedaba muy lejos para nosotros y nos volvimos insensibles a las masacres
en Nigeria o la maldición de la extracción del coltán en el Congo. Incluso fuimos
indiferentes a las brutales revueltas de Egipto cuando en las secciones deportivas nos
limitamos a lamentar la suspensión indefinida del campeonato profesional de fútbol de
ese país, el más fanático del continente negro y de todo el medio oriente.

Pero la tragedia ha llegado a alterar nuestra rutina, nuestro ensimismamiento y
envanecimiento propio de la sociedad del consumo. Nos han pedido solidaridad y
empatía, palabras que muchos debieron ir a buscarlas en el diccionario por lo ajenas que
les resultan. Debemos quedarnos en casa para no enfermar a los adultos mayores, a
nuestras madres y abuelos, pero esa misión nos está quedando grande.

Las autoridades a nivel mundial han determinado el aislamiento para evitar la
propagación del Covid19, el séptimo coronavirus de una gran familia que ataca al
sistema respiratorio. Para el efecto, no podemos reunirnos en un coliseo para mirar y
menos para jugar un partido de baloncesto, debemos abstenernos de ver nuevamente a
Richard Carapaz conquistar las cumbres de Italia, el país más afectado luego de China;
y por supuesto, nos despedimos del gran show del fútbol, ese que de un tiempo a esta
parte nos permite mirar partidos en vivo y en directo durante toda la mañana, tarde y
noche, de cualquier país y Liga del mundo, pues ahora la vida se antepone al gran circo
mediático.

La actividad física también está restringida, los parques han sido cerrados para evitar el
contacto entre personas, pues, aunque tu salud parezca ser espléndida, podrías ser
portador del coronavirus y aunque nunca te des cuenta, eres un potencial peligro para
las personas adultas o jóvenes con enfermedades crónicas. Y así volvemos a nuestra
casa, la familia, los pendientes domésticos y el tan futurista teletrabajo. El deporte
deberá practicarse en la intimidad del hogar y hay un muy buen material de
documentales que podrían reemplazar a los torneos en vivo que nos sobrepasan
diariamente: ¿se recuerdan del campeón del mundo de fútbol de 1954? ¿fueron testigos
del dream team de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992? Es una oportunidad de
reencontrarnos con la memoria y con la conciencia, porque el distanciamiento social es
hoy la gran misión que le encargamos a la humanidad.