¿Cómo son capaces de idolatrar a Maradona?

Por: Andrés Luna Montalvo 

“¿Cómo pueden idolatrar a un tipo como ese?”, “es un drogadicto”, “es un gordo mujeriego tatuado al Che Guevara y admirador de Fidel Castro”. Maradona es todo eso y esta semana se encargaron de recordárnoslo los medios de comunicación y las redes sociales, con motivo de su cumpleaños número 60. Pero la idolatría por Maradona tiene raíces muy profundas y se dejan ver apenas en el Mundial de 1978, al que no fue.

 

Ese Mundial lo ganó Argentina con el lastre de una dictadura asesina que utilizó el evento para lavarse las manos de la sangre derramada por miles de argentinos muertos, torturados, desaparecidos. La foto de la Copa levantada retrata al capitán Daniel Pasarella y al criminal Jorge Videla, a quien le endosan las gestiones para que Perú pierda 0 a 6 contra los locales y éstos lleguen a la final. En resumen, había poco que presumir para un país que ardía en llamas.

 

Luego vino el Mundial de 1982, en el que Maradona estuvo. Apenas pisaron territorio europeo, los futbolistas de la selección descubrieron que lo que sucedía en su país era una farsa, Argentina no iba ganando la Guerra de Malvinas, todo lo contrario, eran masacrados por un poderoso ejército inglés que arrasaba con unas tropas mal armadas y malnutridas. La selección favorita para levantar el trofeo, se despedía prematuramente con un equipo trastornado y confundido, tanto que el ídolo del Tottenham Hotspur y figura del medio campo albiceleste, Osvaldo Ardiles, se negó a volver a Inglaterra hasta que este país dejara de bombardear a sus compatriotas.

 

Por eso el Mundial de 1986 se gana desde los cuartos de final, cuando Argentina cobra venganza de Inglaterra en la perfecta metáfora bélica que es el fútbol, con la trampa de un gol con la mano y la magia de burlar a todos los adversarios. Maradona redimía la derrota de Malvinas y dos partidos más tarde remediaba el Mundial malogrado del 78, al que le limpió el pus para decirle a su gente que podían, en serio, ser los mejores del mundo. Maradona no tiene un trono porque jugaba bien, se lo construyeron porque devolvió una identidad nacional a los argentinos.

 

Pero el fenómeno no fue local, lo mudó hasta Nápoles donde fue capaz de poner en el mapa a una sureña región discriminada y desprovista de toda virtud. Cuando el Napoli de Maradona visitaba Milán, los recibía una afrentosa pancarta que decía “Bienvenidos a Italia”, recordándoles que el sur no formaba parte de un norte próspero y racista. Maradona ganó dos Ligas, una Copa Italia, una Supercopa y hasta una continental Copa UEFA. Nápoles no volvería jamás a vivir un prodigio semejante.

 

Dentro de la cancha hay muchos, ahí se lo compara con Pelé, Di Stefano, Cruyff, Beckenbauer, Eusebio, Messi, Ronaldo y un largo etcétera, pero fuera de la cancha Maradona es el redentor de una nación, un kamikaze inmolado por ser como es. Lejos de querer montar una apología de Diego Armando Maradona, este texto solo buscaba responder la pregunta, ¿cómo son capaces de idolatrar a este tipo?, espero haberme acercado al propósito.