¡Alerta! ¡Alerta!

Por Rodrigo Rangles Lara

El contundente triunfo  electoral de la izquierda boliviana constituyó un golpe demoledor a la política intervencionista norteamericana  que, en su lógica de mantener la hegemonía sobre su “patio trasero”,  tomará acciones y precauciones con el fin de evitar que, en Ecuador, se vuelva a repetir la historia.

Aunque la diplomacia de Washington  felicite ahora hipócritamente el triunfo de las irrenunciables convicciones de las luchadoras polleras y wiphalas bolivianas, en realidad no puede estar contenta con que se ponga en el banquillo de los acusados a Luis Almagro, obediente e incondicional agente operador de las disposiciones imperiales.

El 55 por ciento de votos logrados por el MAS no sólo sacará del poder a la malinche  Jeanine Añez sino que dejó al descubierto los mecanismos del entramado golpe de estado liderado por Almagro, al mando del Ministerio de las Colonias – mejor conocido con la Organización de Estados Americanos – la participación clandestina de agentes de la inteligencia norteamericana, la siniestra  ultraderecha empresarial boliviana, los partidos  neoliberales, la prensa mercantil y los billeteados  altos mandos militares y policiales.

Ninguna gracia hará a la dirigencia gubernamental de Estados Unidos, particularmente al Presidente Trump y sus organismos policiacos, semejante escarnio que no solo desnuda su ilegal y arbitrario  “modus operandi” sino que liquida  sus ambiciones de apropiarse de las riquezas bolivianas, tan necesarias cuando sabemos  se encuentra en bancarrota, con una deuda externa equivalente al 180 por ciento de su Producto Interno Bruto.

En ese contexto debemos entender las preocupaciones del imperio y la ultraderecha ecuatoriana que ha tratado, trata y tratará, por todos los medios, de evitar  el acceso al poder del progresismo en el Ecuador y ven en el triunfo del pueblo boliviano y los avances de Unión por la Esperanza como un peligro a sus pretensiones económicas y geopolíticas.

Carlos Vera, uno de voceros del neoliberalismo nacional, al analizar los procesos boliviano – ecuatoriano y sus repercusiones en la política regional, preguntaba angustiado: A juicio de ustedes, ¿Cómo evitar repetir aquí el destino de Bolivia?

Más que una interrogación, trasluce un pedido a los poderes reales y fácticos, con su jefe máximo a la cabeza, para urgir acciones conducentes a evitar que Unión por la Esperanza alcance el triunfo electoral a la manera boliviana.

Se siente que, para él, no han sido suficientes tres años y medio de implacable persecución gubernamental, judicial, política y de los aparatos electorales contra el “Correismo”,  la Revolución Ciudadana y todo lo vinculado con Rafael Correa, objeto especial de un odio visceral cuántico que les está regresando, a manera de bumerang, desde las entrañas populares.

Y ese empeño persecutorio no cesa. Pretenden, hoy, nuevamente descalificar al binomio Arauz – Rabascall argumentando que el candidato vicepresidencial tiene dineros en paraísos fiscales como socio del Banco de Guayaquil. Rabascall demostró, con certificado de los propios empleados de Lasso, que el total de sus acciones alcanza la “astronómica”  cifra de tres miserables dólares.

No les importa vivir el ridículo sino, en su desesperado afán de continuar en el poder y  garantizar la impunidad de asesinatos y atracos, buscar cinco patas al gato para eliminar a los candidatos con mayor opción popular, como lo hicieron con Correa, vía judicial, en un proceso amañado que la INTERPOL, nuevamente, se negó a reconocer su validez rechazando las pretensiones oficiales de incluirle en la lista roja.

Con el ánimo de neutralizar su acción política y arrebatarle la prefectura insisten en la detención de Paola Pabón, con argumentos realmente pueriles, fabricados a petición del gran impostor y su Ministra de Gobierno.

No se detienen y no se detendrán. Están tan asustados como la Añez y sus golpistas  en Bolivia que, tras el fracaso electoral de Mesa, Camacho o Mamani, se apuraron a solicitar 350 visas a Estados Unidos para disfrutar lo mal habido en el país “del sueño americano”, evadir responsabilidades por robos al erario público, vinculaciones con el narcotráfico, destrucción económica del país y delitos de lesa humanidad a cusa de asesinaos colectivos tras el golpe de estado.

Aquí, en nuestro país, falló el fraude anticipado, pero nadie garantiza la idoneidad de un Consejo Nacional Electoral que ha demostrado servilismo y dependencia del gobierno nacional, especialmente con la presencia de dos vocales aventureros de la política que obedecen ciegamente los mandatos de Guillermo Lasso y a “los patriarcas de la componenda”.

El progresismo, en el Ecuador como en América Latina y el mundo, está bajo asecho permanente de los veneradores de la esvástica que poseen una poderosa maquinaria desestabilizadora carente de ética, asentada en Washington, al servicio de intereses de las transnacionales, grupos de poder reales y fácticos, partidos políticos derechistas, medios mercenarios de comunicación o camarillas militares y policiales de ultraderecha.

Bolivia enfrentó valientemente a esta poderosa maquinaria transnacional de dolor y muerte, puso por delante la organización popular, acumuló fuerzas sin sectarismo, incrementó sus huestes partidistas, sumó a la causa militares y policías patriotas, denunció oportunamente la ofensiva imperial, sorteó  trampas de los organismos de inteligencia y buscó la solidaridad internacional.

El triunfo de Bolivia es una buena noticia para la humanidad y un aliciente para los procesos que se avecinan en Ecuador, Chile y Brasil cuyos pueblos enfrentan idénticos adversarios, parecidos problemas ,asechanzas y retos ante los cuales debemos estar alertas en procura de la victoria.

Creemos que el sacrificio de cientos de mártires en esta desigual lucha y la voluntad popular de resistir, nos permitirá corear alegremente la consigna: “¡Alerta! ¡Alerta! Que camina la espada de Bolívar por América Latina”.